Orospeda, el último pueblo hispanorromano que desafió a Leovigildo
En las sierras de Cazorla, entre el agua del Tranco y los pasos imposibles, un enclave hispanorromano resistió casi un siglo a los visigodos. Ni reyes, ni ejércitos regulares: solo una geografía que aún hoy desconcierta.
¿Dónde está la Orospeda de las crónicas?
Las fuentes tardías apenas mencionan a los Orospeda, un conjunto de comunidades hispanorromanas que mantuvieron su independencia entre la caída del Imperio y la unificación visigoda. El centro de aquella resistencia se ubicaría en el valle del embalse del Tranco, en la actual provincia de Jaén. El acceso desde el oeste, por donde llegaría Leovigildo con su ejército, describe 20 kilómetros de curvas que incluso hoy son un reto. La zona cuenta con agua abundante, tierra cultivable y pasos estrechos de fácil defensa: las condiciones perfectas para una resistencia prolongada.
Un siglo de resistencia armada
La pregunta que surge es cómo lograron aguantar casi un siglo ante el poder visigodo. La respuesta está en la orografía y en la habilidad para aprovechar los recursos del terreno. No se trataba de un reino unificado, sino de una constelación de núcleos fortificados –posibles castros o villae amuralladas– que coordinaban su defensa. Se ha comparado con la resistencia cordobesa de la misma época, aunque con un perfil más rural y descentrado.
Al mismo tiempo, al noroeste, otro territorio similar, Sabaria, también fue conquistado por Leovigildo. Ambos casos muestran que la Hispania postimperial no se dividió limpiamente entre suevos y visigodos: hubo espacios que simplemente no quisieron someterse.
Arqueología por hacer
La identificación de estructuras defensivas de los siglos V-VI d.C. sigue pendiente. En la ribera oriental del pantano del Tranco, cerca de Hornos, existen restos de unas supuestas termas romanas, pero no se han realizado prospecciones sistemáticas en busca de objetos metálicos o cerámica de la época. Los aficionados a la historia reclaman que expertos como Moreno Gallo recorran la zona para localizar parapetos y murallas tardorromanas. La misma región, frontera durante la Reconquista, está sembrada de castillos y torres de vigilancia medievales, pero el estrato anterior está sin excavar.
Algo similar ocurre en la zona de Guadix, donde se han documentado cuevas-granero fortificadas en barrancos, posiblemente reutilizadas en diferentes épocas. El enigma de Orospeda no se resolverá hasta que la arqueología de campo entre en acción.
La sombra de Bizancio
Otra hipótesis sitúa a los Orospeda bajo la influencia de la provincia bizantina de Spania, cuyo centro estaba en Cartagena. Es posible que recibieran apoyo logístico o político del Imperio, interesado en debilitar a los visigodos. Sin embargo, la evidencia documental es escasa y el debate sigue abierto.
Lo que está claro es que la unificación de España bajo Leovigildo no fue un paseo militar. Se encontró con focos de resistencia que aprovecharon cada pliegue del terreno. Orospeda es el ejemplo más olvidado de esa tenacidad.
Mientras no haya una campaña arqueológica en el Tranco, el relato oficial seguirá pasando de puntillas sobre estos hispanorromanos que prefirieron la libertad en la montaña a la sumisión en la llanura.
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