De Prada sentencia: internet es «la muerte de nuestra vida»
El escritor Juan Manuel de Prada ha contado al diario
ABC que internet es «la pared de un retrete donde gente cada vez más enloquecida y más ensañada, más visceral, va deponiendo todas sus vomitonas». No es un exabrupto suelto. El autor de
Me hallará la muerte sostiene que la red «tiene mucho que ver con la descomposición de la propia democracia» y remata la faena con una frase que resume su tesis: «Internet es la muerte de nuestra vida. Es la muerte de todo».
La sentencia cayó como un guante entre quienes miran la pantalla con recelo y como un guijarro entre quienes viven de ella. El diagnóstico, además, tiene dos mitades muy distintas: una razonable y otra que conviene medir con la cinta del sastre.
¿Qué le reprocha Juan Manuel de Prada a internet?
Los cargos son cuatro y merece la pena separarlos. Primero, el uso banal: cuenta que en sus viajes en tren le resulta «espeluznante» ver a la gente durante «dos, tres, cuatro horas absolutamente embebida en sus cacharritos», tecleando sin trabajar,
mariposeando. Segundo, la búsqueda de consuelo erótico que, dice, «a la larga» desemboca en «destrucción humana». Tercero, el golpe económico: la red «está destruyendo muchos puestos de trabajo», ha liquidado las empresas periodísticas y arrasa la industria cultural. Cuarto, la mentalidad del «gratis total», que describe como «el escarmiento y el castigo que merece una época que hizo del lucro su objetivo prioritario».
Ahí está el núcleo de su tesis. Lo demás son metáforas, y algunas son mejores que su argumento.
De Platón a la televisión: las profecías que no se cumplieron
El reproche más repetido en el debate es histórico. Contra la palabra escrita ya arremetió Platón; contra la imprenta se avisó de que cualquier
mindundi podría publicar un panfleto; contra la radio, el cine y la televisión se anunció el fin de la lectura y el cierre de las salas. Ninguna de aquellas apocalipsis llegó a término. La tecnología cambió las reglas y desplazó a los intermediarios, pero no acabó con la vida tal y como se conocía.
Conviene afinar la cita, porque el filósofo griego circula mal: hay quien recuerda que Platón no atacaba la escritura en sí —él escribía, y mucho, en forma de diálogo—, sino el texto dogmático que se acepta como verdad sin crítica alguna, y que prefería el debate vivo, donde las ideas se confrontan. Si de algo se queja el pensamiento clásico es de la falta de discusión, no del soporte que la contiene.
Periodismo e industria cultural: la factura del gratis total
En el terreno económico el reproche es suyo y afecta a terceros: según De Prada, la red ha destruido las empresas periodísticas, arrasa la industria cultural y ha instalado la mentalidad del gratis total. Hay quien da el golpe por bueno y quien sostiene que la red solo aceleró lo que esos negocios ya venían haciendo mal; en contra pesa un argumento obvio: ninguna profesión se reconvierte sin coste humano.
Y en medio de ese balance aparece la paradoja que más se ha repetido. El crítico más severo con internet mantiene página web oficial,
juanmanueldeprada.com, desde la que comunica a sus lectores que, tras unos años de silencio narrativo, vuelve a publicar novela. Es decir: usa el canal que dice que mata para vender lo que escribe. Se puede llamar hipocresía o coherencia —distinguir canal y uso—, pero el detalle desactiva buena parte del sermón.
El monopolio de la opinión que ya no existe
Debajo del ruido hay una cuestión de poder. Durante décadas, recuerdan en el hilo, un puñado de firmas decidía qué era pensamiento autorizado y qué era ruido de fondo. Hoy, sostienen, cualquiera puede tener más audiencia que una columna pagada, revisar veinte fuentes en cuatro clics o dejar en evidencia a un erudito de referencia con dos datos. Eso no gusta a todo el mundo, y no hace falta ser muy suspicaz para olerlo bajo la queja.
El contrapeso lo pone la parte más útil de la red: catálogos completos, películas que no se proyectan desde hace medio siglo, documentación técnica imposible de encontrar en papel y acceso instantáneo a todo el conocimiento acumulado por la humanidad. El problema nunca fue el archivo. Fue lo que cada cual hace con él.
Herramienta o modo de vida: dónde se atasca el análisis
Aquí el consenso es más amplio de lo que parece. En el hilo no hay quien defienda que las
redes sociales sean un entorno saludable, ni que las horas de pantalla en familia hayan salido gratis. La discrepancia aparece al señalar al culpable: el invento o el uso. Quien hace un mal uso de internet, sostiene una parte del público, lo haría con cualquier otra cosa; las familias rotas por la televisión y los adolescentes pegados al teléfono existían antes de que hubiera teléfonos.
Y ahí el análisis se atasca, exactamente ahí. Si la red pone al alcance de cualquiera todo el saber registrado y aun así se impone el scroll infinito, el problema no es la tecnología sino la educación, el incentivo y las horas que nadie recupera. De Prada acierta en el síntoma y se equivoca en el diagnóstico. Internet no mata nada por sí sola: multiplica lo que ya éramos. Con lo bueno y con lo otro.