Si la afirmación de un conocido divulgador de inteligencia artificial en un podcast reciente es cierta, los últimos seis meses han envejecido en una tarde todo lo que creías saber sobre la IA. El tipo, un fotógrafo reconvertido en evangelista de la tecnología, sostiene que en este semestre la IA ha progresado más que en los cuatro años anteriores. La frase tiene miga: o estamos ante un punto de inflexión histórico, o ante el mayor ejercicio de marketing de la década.
La generación de imágenes: el campo donde el cambio se ve y se toca
La generación de imágenes es el ejemplo más visible. Hace un par de años, una cuenta de pago en Midjourney producía resultados curiosos pero a menudo desviados de lo pedido. Ahora, herramientas gratuitas como el editor de imágenes de Gemini, apodado “nano banana”, interpretan instrucciones complejas con una precisión inquietante. Se puede iterar sobre correcciones y obtener resultados casi perfectos. No es oro todo lo que reluce: la consistencia entre escenas sigue siendo pobre, el vídeo se atasca con más de cuatro personas y los modelos aplican una de cada siete instrucciones cuando son muchas. Pero la mejora respecto a hace dos años es objetiva.
El negocio del hype: cursos, suscripciones y la sombra de Romuald Fons
En el plano económico aparece la otra cara. El divulgador no es solo un evangelista: vende cursos de IA por unos 2.000 euros, tiene acuerdos publicitarios con empresas del sector y su independencia es, cuando menos, discutible. Hay quien recuerda que su relación con Romuald Fons, socio de una conocida agencia de formación, ha coincidido con un giro hacia la teletienda. La sospecha es clara: ¿estás viendo un análisis o un embudo de ventas? La misma lógica se aplica a las herramientas: los modelos de pago se capan para el público general, y cuando uno empieza a funcionar bien, lo ponen tras un muro de suscripción. La brecha entre lo que ven los mortales y lo que usan ciertas instituciones, según se comenta, es abismal.
AGI, empleo y la burbuja que se nos viene encima
Detrás del ruido está la pregunta que importa: ¿cuándo llega la AGI y qué hace con el empleo? Las estimaciones van de los 2 a los 4 años de los optimistas, a los 40 o nunca de los escépticos. El escepticismo señala que los modelos actuales son loros estadísticos, rápidos pero sin comprensión real, y que la inversión masiva se parece sospechosamente a las subprime. Otros subrayan que la mejora de capacidades es visible cada tres meses y que el cuello de botella es la computación, no la idea. Mientras tanto, los despidos en sectores intensivos en tareas cognitivas se aceleran, y todo el mundo habla de la paguita como si las máquinas fueran a remar por nosotros.
Con ese panorama, la afirmación del divulgador gana enteros entre quienes usan la tecnología a diario, pero la desconfianza en sus intereses comerciales sigue pesando. ¿Estamos ante la singularidad o ante el mayor spot publicitario de la década? Las máquinas aún no reman. Pero, si algún día reman, habrá que mirar quién tiene el timón.