Mourinho vuelve al Real Madrid: Florentino apura su último baile
El Real Madrid arranca la temporada 2026/27 con dos certezas y ninguna tranquilidad. La primera, que José Mourinho vuelve a sentarse en el banquillo del Bernabéu más de una década después de su primer ciclo. La segunda, que Florentino Pérez sigue al mando tras unas elecciones en las que, según el recuento que circula, en torno a un tercio del censo votó a un candidato alternativo que había llamado «mandriles» a los madridistas. Un porcentaje que resume mejor que cualquier crónica el clima de la grada.
El relato oficial vende ilusión. El análisis crítico vende otra cosa: un club que ha dejado escapar el mediocentro más necesario de los últimos años, que renueva a su estrella más discutida hasta 2032 y que encomienda la reconstrucción a un entrenador de carácter que ya no tiene nada que demostrar. El último baile de Florentino, dicen unos. La liquidación por partes, sostienen otros. La temporada que empieza decidirá cuál de las dos versiones aguanta.
Mourinho, el entrenador de emergencia que vuelve a casa
El regreso de Mourinho se celebra como el antídoto contra un vestuario que, según las versiones más duras, lleva dos temporadas sin correr. La tesis de quienes defienden el fichaje es sencilla: un técnico de mano dura pondrá en cintura a un grupo acomodado. «A Mou, traído como medida de emergencia por Florentino Pérez, no le van a poder hacer la cama. O cumplen o irán al banquillo», resume uno de los análisis más repetidos tras su primera rueda de prensa.
El argumento contrario pesa igual. Los mejores tramos recientes del club se escribieron con Zidane y con Ancelotti, dos perfiles opuestos al portugués, y el primer ciclo de Mourinho dejó más fuego en las salas de prensa que títulos. Un documental vintage de RTVE recuperó aquel trienio bajo un título revelador y volvió a poner sobre la mesa los porqués de 2010 a 2013. Nadie los ha respondido aún con datos.
En lo deportivo, la primera decisión del técnico fue dejar fuera de un amistoso a los internacionales que se incorporaron tarde. Premiar a los que trabajaron desde el primer día, se dijo. Un gesto de autoridad minúsculo, pero gesto. La duda es si ese pulso se sostiene cuando lleguen los partidos de verdad y las rotaciones dejen de ser un mensaje para convertirse en una obligación de resultados.
El mercado que indigna: Zubimendi al rival y el fichaje más caro de la historia
El capítulo que más ampollas levanta es el mercado. El mediocentro que todos señalaban como prioritario acaba en el máximo rival. «El fichaje más claro, más necesario y más a huevo de los últimos años nos lo levanta el máximo rival», resume uno de los diagnósticos más críticos. En paralelo, se da por hecho un movimiento del rival que paga 85 millones al City más 20 millones netos al jugador por cuatro años, cifras que se repiten como ejemplo de lo que el Madrid no quiso igualar.
Y el desembolso propio no tapa nada. «Se oficializa el fichaje más caro de nuestra historia, concretamente un semidesconocido que no arregla ninguna de las carencias del equipo», sentencia el mismo análisis. La crítica no es el precio, es el orden de prioridades. Desde la retirada de Modric y, sobre todo, de Kroos, el diagnóstico es unánime: falta un pivote con criterio. «Cabe recordar que desde que se retiran Modric, y sobretodo Kroos, absolutamente todos vemos que hay que fichar para suplirlos», apunta un seguidor que lleva tres mercados registrando el mismo agujero sin tapar.
El año pasado se esperó a Rodri con la excusa de su contrato; este verano, la estrella que se ficha es otra y el hueco sigue ahí. El desglose completo del gasto, partida a partida —traspasos, primas de renovación y fichas sumadas— deja una cifra que descoloca: habría dado para resolver la posición más barata de arreglar y la más costosa de ignorar.
Vinicius hasta 2032: la renovación que casi nadie defiende en público
Si hay una decisión que ha unido a voces normalmente enfrentadas es la renovación de Vinicius hasta 2032. «No conozco ningún madridista de calle al que la renovación le haya parecido bien», afirma un seguidor que no se distingue por su simpatía hacia la directiva, lo que da la medida del consenso. El argumento no es futbolístico —nadie discute el talento— sino contractual: se ata a un jugador discutido con un contrato imposible de romper.
La defensa del brasileño se apoya en las dos Champions en las que fue decisivo. «Las Champions las ganaron los veteranos. Fue irse estos y el equipo venirse abajo», replica otro análisis que reparte la culpa entre toda la plantilla y no solo entre los señalados. En medio queda la vieja herida del Bernabéu: el jugador al que se le perdona todo y el que recibe el pitido por cualquier gesto.
El repaso a sus automatismos de juego se ha convertido en un género propio dentro del seguimiento del club: conducción hacia la banda, pase pedido, regate fallido, saque de puerta. Seis años por delante, hasta 2032, en una plantilla que se presupone convulsa. Si los resultados acompañan, la renovación será una victoria de gestión. Si no, encabezará la lista de errores.
Florentino, la Bolsa y el folleto de la CNMV
Que Florentino afronte su último baile no es solo una metáfora deportiva. «Cuando salga a Bolsa el Real Madrid con folleto de la CNMV y los socios se conviertan en accionistas, no sé si le perdonaremos tanto», advertía un comentario a mitad de temporada. La sombra de una salida a los mercados —y de la conversión del socio en accionista— recorre buena parte del descontento. Hasta ahora el club se ha gobernado como una propiedad de facto; la pregunta que nadie responde es qué ocurre cuando esa propiedad tenga precio y comprador.
En el haber de Florentino quedan siete Champions y tres Euroligas de baloncesto, la reforma del estadio y un puñado de fichajes que marcaron época. En el debe, una gestión cada vez más vertical, secciones como la de fútbol femenino que buena parte de la grada no pidió y una relación con los organismos del deporte que muchos leen como cálculo. Nadie es perfecto, admiten hasta sus defensores. Pero el listón, cuando te llamas Florentino, es la comparación con Florentino.
El relato del agravio arbitral y el caso Negreira
El marco por defecto con el que se interpreta cada jornada es el del agravio. Se abre con la sospecha y se cierra con el recuento de errores. El caso Negreira —la investigación judicial sobre pagos del Barcelona a un exvicepresidente del comité técnico de árbitros— se cita como prueba de un sistema que, según la tesis dominante en la grada, perjudica al Madrid. Conviene precisarlo: es un procedimiento judicial en curso, sin conclusión firme, y buena parte de lo que circula son interpretaciones, no hechos acreditados.
Lo llamativo es que la propia afición cuestiona ese marco. «Un gran éxito de Florentino es haber inculcado en la afición la percepción de que el Madrid es un club maldito por los dioses que tiene que levantar cabeza pese a tener en su contra a todos los estamentos del fútbol mundial», ironiza una voz crítica, que le da la vuelta al argumento: el relato del agravio no moviliza, adormece. Otros replican que los datos están ahí y negarlos es de ingenuos. La polémica no se cierra porque nadie renuncia a tener razón.
El mundial, Rodri y el reparto de culpas de la selección
El verano dejó además una selección campeona y un reparto de méritos que en la grada madridista se digiere con veneno. El mejor jugador del torneo fue Rodri, y el detalle de que no juegue en el club rival se usó como consuelo. El consenso, si existe, es débil: se celebró el título y se celebró, sobre todo, que no lo ganara Argentina, cuyo recorrido —una docena de partidos salpicados de penaltis y decisiones discutidas— se repasó en cadena. La eliminatoria ante Egipto, con el asistente señalando hacia la cabina del VAR algo que solo el árbitro principal puede señalar, quedó grabada como prueba del supuesto amaño.
Conviene separar el enfado del dato. Un torneo se gana y se pierde con decisiones discutibles; llamarlo amaño sin sentencia es otra cosa. La grada lo sabe y, aun así, repite el marco. No porque crea cada detalle, sino porque el marco le sirve. Menos como análisis, más como identidad.
Del césped a la política: cuando el fútbol deja de ser el tema
Como en tantas conversaciones largas, el fútbol termina siendo la puerta de entrada a otra cosa. Un episodio con Ceuta, una ministra del Gobierno y un mensaje celebrando que no se apoyara a una ciudad española tensionaron el terreno hasta sacar el asunto del deporte. Lo que empezó siendo un comentario sobre un jugador derivó en polémica sobre política migratoria, impuestos y agravios territoriales. Los asuntos se solapan y el tono se agria.
No es un fenómeno exclusivo de este club. El fútbol funciona como caja de resonancia de todo lo demás, y el Madrid, por su peso simbólico, amplifica cada pulsión. Pero conviene señalarlo: en cuanto el tema abandona el césped, el nivel de acuerdo se desploma y el de ruido se dispara. La temporada no se decide ahí, pero el tono sí.
El punto donde el análisis se atasca
El problema de fondo es que nadie ha cerrado la pregunta central: si este Real Madrid es un proyecto o una liquidación. Los números del próximo mercado dirán si Florentino está construyendo un último equipo o desmontando una herencia. Hasta entonces, cada victoria será una tregua y cada empate, una acusación.
Y la temporada, como casi todo en este club, se decidirá en un detalle pequeño: si la plantilla corre cuando Mourinho levanta la voz, o si vuelve a vivir de la renta de otros. Ahí se atasca el análisis. Nadie lo ha resuelto a día de hoy.