La pelea política por Paiporta entierra el debate sobre la reconstrucción
La gestión de la DANA que arrasó Paiporta se ha convertido en un ring político. La visita de un alto cargo a la zona cero, seguida de la frase «yo estoy bien», ha abierto una brecha que va mucho más allá de la solidaridad. Mientras los partidos se acusan mutuamente, la factura real de la catástrofe sigue sin cuantificarse.
El cruce de culpas, sin cifras sobre la mesa
El primer frente lo ocupa la responsabilidad institucional. Una corriente de análisis culpa a la presidenta madrileña de todo el desastre, una denuncia que no distingue entre competencias regionales y estatales. La otra trinchera señala a los socios de Gobierno, con una furia similar. Ambas posturas comparten un rasgo: ninguna ofrece cifras concretas sobre el impacto en el tejido productivo local.
El dato que falta
El dato que falta es el que importa. A fecha de esta discusión, no hay un cálculo público de las pérdidas en comercios, almacenes y explotaciones agrícolas de la zona. La reconstrucción avanza entre reproches, y las indemnizaciones dependen de un Estado que no termina de explicar sus plazos.
La anécdota del «yo estoy bien» se ha convertido en símbolo: un político respondiendo en términos personales a una catástrofe colectiva. A partir de ahí, cualquier discusión técnica queda contaminada.
Con semejante clima, es difícil que la recuperación de Paiporta se trate con la seriedad que exige. Las próximas semanas decidirán si alguien se atreve a ponerle números al desastre, o si la trinchera de la crispación vuelve a ganar la partida.