Vale, ahí va mi resumen:
Bitcoin: lo único que existe en realidad en el mundillo de las criptomonedas.
Ethereum: engaña centralizada organizada por un tío muy inteligente. Él decide los forks que deben realizarse. Es una criptoestafa con peores problemas de escalabilidad que los que le asignan a Bitcoin y que no ha tardado ni tres años en traicionar su único lema: el código es ley. En breves sus nodos necesitarán de tecnología interdimensional para poder manejar la cadena de bloques que los muy subnornales se han encargado de poner a rebosar con fotos de gatitos.
Existen logs de conversaciones en los que, durante el caos que hubo con el contrato de la DAO, los propios desarrolladores reconocían que el corazón del sistema, el lenguaje con el que se programan los contratos (solidity), era inseguro. No te digo "ná" y te lo digo "tó".
Ripple: engaña desde su mismísima concepción. Nunca ha funcionado ni remotamente parecido a de forma descentralizada y ahora intentan capear el temporal intentando pumps&dumps e intentando generar noticias captando el interés de algunas empresas ávidas de buscar clientes jóvenes y de cambiar su imagen de apolilladas.
Litecoin: después de la testnet, la segunda shitcoin que surgió después de Bitcoin. Es un simple clon con unos pequeños cambios en la prueba de trabajo y una modificación en la frecuencia de minado de los bloques buscando confundir a todos aquellos que son incapaces de entender que, mayor velocidad en las confirmaciones con respecto a Bitcoin, no implica una mayor cantidad de certidumbre.
IOTA: engaña proof of stake que funciona incluso peor que las antiguas monedas PoS. Ahora a las monedas PoS que funcionan como el pandero y que requieren de centralización para operar mínimamente, las llaman "tangle" o "DAG", o cosas parecidas, pero son lo mismo de siempre. Es una concepción fallida y la prueba incontestable de que, cada día que amanece, el número de simple crece.
Maidsafe: engaña gran reserva. Mucho se ha hablado de ella aquí y es un ejemplo perfecto de la cantidad de engañadores que hay en este mundillo y de cómo los usuarios que tienen los deditos pillados en esas shitcoins actúan casi, casi, como sus cómplices. Lanza una promesa alocada a los cuatro vientos, suelta un par de papers sin cabeza ni pies, pon a negociar una shitcoin como promesa de token del sistema, y a vivir del cuento que la vida son dos días.
Monero, Dash y compañía: criptoestafas que se venden como áltamente anónimas pero que sólo consiguen engañar a los usuarios que no comprenden de qué trata el análisis de tráfico en una red.