Revolveres 1818-1875: el armamento que forjó el Oeste
¿Qué fue antes del Colt Peacemaker? La historia del revólver no empieza con Samuel Colt, sino con las toscas pistolas pimenteras de cañón giratorio del siglo XVI. Pero el salto real se produce entre 1836 y 1875, cuando una oleada de innovadores —algunos geniales, otros fracasados— convirtieron el arma de repetición en un icono y en una máquina de guerra.
Los pioneros: Colt y sus primeros tambores
El Colt Paterson de 1836 fue el primer revólver usado con éxito en combate, pero el modelo adolecía de defectos: acción simple obligaba a amartillar a mano, y su tambor de 5 disparos era delicado. Tras la quiebra de 1842, Colt resurgió con el Walker de 1847, un mastodonte de calibre .44 (11,5 mm) capaz de abatir a 90 metros. Era un arma para caballería, no para el cinto. Le siguió el Dragoon (1848), del que se fabricaron 18.000 unidades hasta 1860, ya con mejoras en la palanca de carga y tambor más seguro. El Colt Navy de 1851, más ligero (1,2 kg) y con calibre .36, logró por fin la portabilidad.
La revolución europea: cartucho metálico y doble acción
Mientras Colt perfeccionaba la pólvora negra, Europa tomaba la delantera con el Lefaucheux de 1854, el primer revólver de retrocarga con cartucho metálico (sistema de espiga). Era, de hecho, la primera arma moderna de repetición. Casi al mismo tiempo, el británico Robert Adams patentaba en 1851 un revólver de doble acción —sin necesidad de amartillar— que desató una guerra de patentes con Colt. Por su parte, el Le Mat (1855), con su tambor de 9 disparos y cañón inferior de escopeta, se convirtió en el arma confederada por excelencia durante la Guerra Civil.
El icono final: el Colt Peacemaker de 1873
La expiración de la patente de Smith & Wesson sobre los cartuchos de fuego central en 1872 abrió la puerta al Colt Single Action Army, más conocido como Peacemaker. Automatización mediante, Colt lo lanzó a precio competitivo y entre 1875 y 1880 ya era el revólver más vendido de EE.UU. Su leyenda la terminó de forjar Hollywood y el general Patton, que lo llevó incluso en la Segunda Guerra Mundial. Pero ni siquiera este mito pudo con la obsolescencia: Colt lo fabricó intermitentemente hasta los años 80, prueba de que algunas leyendas se niegan a morir.
Entre medias, el revólver Gasser modelo 1870 fue el primer reglamentario del ejército austrohúngaro, y el Webley británico acabaría siendo el revólver más longevo en servicio activo. Todos ellos compartían un mismo principio: el tambor giratorio. Un invento que, como el imperdible o la máquina de coser —también patentados por Walter Hunt—, cambió para siempre la forma de disparar.
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