La edad de oro del rock: 1970-1975, cuando el arte vivía en los surcos
¿Qué tienen en común “Selling England by the Pound”, “Exile on Main Street” y los primeros rugidos de Black Sabbath? Que los cinco años que van de 1970 a 1975 concentraron una densidad creativa sin equivalente posterior. Entre el hard rock y el progresivo, entre el blues eléctrico y los primeros barruntos del metal, el rock dejó de ser música de baile para convertirse en territorio de experimentación y exceso. Quien no haya buceado en esa media década, no ha entendido lo que vino después.
Un puñado de años que lo cambiaron todo
La etiqueta “edad de oro del hard rock” no es nostalgia barata. En menos de 72 meses se publicaron discos que hoy siguen considerados obras maestras: el “Exile on Main Street” de los Rolling Stones, el “Selling England by the Pound” de Genesis o los álbumes que definieron el sonido pesado de Black Sabbath y Deep Purple. La singularidad de ese lustro es que cabían en la misma estantería el refinamiento sinfónico de Yes y la crudeza de los japoneses que versionaban a Sabbath antes de que el metal tuviera nombre. Y si alguien buscaba rarezas, ahí estaba la historia de un batería que rechazó sustituir a Keith Moon en The Who.
El lado oscuro: cuando el riff manda
Mientras el progresivo pedía paciencia y oído formado, la rama dura del rock iba directa al estómago. Black Sabbath ya no era un grupo de blues rock. Y en ese caldo nació el protopunk: hay canciones de 1969 que suenan como si las hubiera grabado Dead Kennedys diez años antes, una rareza que algunos subrayan como síntoma de que la rabia siempre estuvo ahí, esperando su momento. Incluso se cita un tema tan explícito que quien lo subió a YouTube no se atrevió a escribir su nombre completo por miedo a la censura.
El legado que la industria no ha sabido repetir
Cuesta encontrar en la discografía posterior algo con la misma densidad por minuto. Una vida no basta para escuchar todo lo que se grabó en aquellos años, y aun así cada lista de imprescindibles se queda corta. El contraste con la producción actual, que algunos despachan con la palabra reguetón, es feroz. La diferencia no es solo de sonido, sino de ambición: se buscaba romper moldes, no cuadrar algoritmos. Mientras tanto, el reguetón sigue llenando estadios. Cada época tiene el arte que se merece, o eso dicen.