Cincuentonas famosas: así esquivan el paso del tiempo
Hay una foto de Elizabeth Hurley en 1996, en un aeropuerto, que circula como ejemplo de belleza imposible. Casi treinta años después, el escrutinio sobre las actrices y modelos que superan los 50 sigue siendo feroz. Y el dato incómodo es que el dinero y el mejor cirujano no garantizan nada: hay quien conserva una genética excepcional y quien, con la misma cuenta corriente, termina desfigurado por el bisturí.
El catálogo de las veteranas de la alfombra roja
La nómina es amplia y abarca generaciones. Elizabeth Hurley (56), Salma Hayek (55), Jennifer López (52) y Sandra Bullock (55) encabezan la primera oleada. A ellas se suman Mar1 Tomei, Monica Bellucci y Jennifer Beals, todas rondando los 57-58. También hay hueco para las españolas: Mar1 Montero (53), Mar1 Verdú (51), Silvia Marsó (59) o Cayetana Guillén Cuervo (52). La lista no deja de renovarse: la remesa de 2025 ha añadido a Eva Longoria, Angelina Jolie y Charlize Theron.
Genética contra quirófano: quién gana
El caso que más descoloca es el de Susanna Hoffs, con 63 años, a la que se le atribuye un aspecto que ya quisieran veinteañeras. En el otro extremo, hay quien sostiene que las intervenciones excesivas generan un efecto artificial difícil de revertir. La ironía es que las cuentas corrientes saneadas no evitan el destrozo. Se argumenta que existe un factor genético determinante, y que la cirugía, lejos de ayudar, acentúa el problema en quien no la necesitaba. La genética manda, el dinero solo compra una ventana de tiempo, pero no la eternidad.
El Photoshop y el espejo deformado
La comparación, además, se hace con fotos súper retocadas. La pregunta sobre el grado de artificio está sobre la mesa: maquillaje profesional, fajas y programas de edición convierten la mayoría de imágenes en ficción. El retoque se desmonta cuando aparecen vídeos o fotos de paparazzi, y ahí el resultado cambia por completo. No hay análisis del aspecto real sin tener en cuenta que las imágenes públicas están filtradas.
Se cita el caso de la propia Hurley, con fotos de su etapa con Hugh Grant en los años 90, como ejemplo de belleza natural sin artificio. Y se cuestiona si las generaciones actuales de cincuentonas podrán decir lo mismo dentro de unos años.
Ese es el punto ciego: nadie sabe cuánto hay de técnica y cuánto de naturaleza en las fotografías que se comparan. En un momento en que el bisturí está al alcance de cualquier cuenta corriente, la diferencia entre envejecer con dignidad y convertirse en un muñeco de cera parece más un asunto de genes que de presupuesto. ¿La próxima generación de cincuentonas aceptará el paso del tiempo sin pasar por el quirófano? A la vista de los últimos años, la respuesta sigue sin verse clara.