La construcción no encuentra obreros: contratan y a los 15 días ya están de baja
Hernán lo resumía sin filtros en una entrevista reciente: «He contratado a uno pero a los 15 días ya lo tengo de baja». El testimonio de este albañil y pequeño empresario, que llegó a tener 19 trabajadores y ahora no encuentra profesionales, ha reabierto el debate sobre la escasez de mano de obra en el sector y el absentismo laboral. La pregunta es incómoda: ¿falta personal porque no hay, o porque nadie aguanta las condiciones?
El problema no es solo encontrar, es mantener
El caso de Hernán no es aislado. Su trayectoria es la de muchos: emigró, trabajó en una empresa de recogida de cigot y, cuando dio el salto a la construcción, se llevó consigo a sus compañeros. «La mayoría que vinieron eran albañiles», recuerda. Pero ahora, con obras encima, no encuentra trabajadores jóvenes. Y cuando los encuentra, la relación dura quince días.
Hay quien sostiene que la clave está en las condiciones: «El 70% de la miseria que se paga + 10 horas currando en B», apuntaba un análisis. La otra corriente, sin embargo, defiende que el problema es de incentivos perversos. En esa línea, se argumenta que el sistema actual premia la baja laboral y castiga al empresario que, con dos empleados de baja, ve peligrar su negocio. «Trabajas para mantener a la seguridad social, al gobierno y a los que están malitos. Cierras», resumía un profesional del sector.
El contraste con la burbuja inmobiliaria
La comparación con la época dorada del ladrillo es inevitable. Durante la burbuja, los trabajadores de la construcción no se daban de baja «ni aunque estuvieran agonizando», como se recordaba en el análisis. El temor a ser despedidos, con la economía en plena ebullición pero también con una competencia feroz, obraba el milagro. En cuanto la crisis pasó, las bajas laborales volvieron a las cifras de siempre.
Ese contraste sugiere que el absentismo no es un fenómeno nuevo, sino un comportamiento racional que se activa o se desactiva según el contexto. Cuando el miedo a perder el empleo desaparece, la baja se convierte en una opción más atractiva. Y en un sector donde el trabajo es duro y las alternativas laborales, aunque peor pagadas, son menos exigentes físicamente, la tentación es mayor.
El absentismo se dispara: datos que lo confirman
Los datos respaldan la percepción de que algo está cambiando. En muchas empresas, el absentismo laboral ya supera el 8% en 2025, una cifra que se ha duplicado en unos 7 años. En una plantilla de 1.300 personas, eso equivale a que 109 trabajadores faltan al trabajo cada día. La magnitud es tal que, en las negociaciones de convenios colectivos, el absentismo ya se utiliza como argumento para limitar subidas salariales, recortar pagas de productividad o eliminar bonus si se superan ciertos márgenes.
La pregunta que queda sobre la mesa es si la solución pasa por mejorar las condiciones o por endurecer los mecanismos de control. Hay quien apuesta por la formación y por dignificar el oficio, señalando que no es el esfuerzo físico lo que espanta a los jóvenes, sino la falta de orientación profesional. Otros, en cambio, proponen medidas más drásticas, como la contratación en origen con contratos de tres meses renovables según desempeño, para que la baja no sea una vía de escape.
Mientras tanto, el pequeño empresario sigue sin encontrar quien levante una pared. Y el consumidor, que percibe que cualquier reforma es una odisea de plazos y costes, paga las consecuencias. El dato que descoloca: el absentismo se ha duplicado en siete años, pero los salarios del sector apenas se han movido. Algo no cuadra.