Magical Girl: ¿thriller psicológico o provocación enfermiza?
Ganadora de la Concha de Oro en San Sebastián, "Magical Girl" de Carlos Vermut es una de esas películas que no deja indiferente. Su trama arranca con un padre desempleado tratando de conseguir un traje de anime para su hija con leucemia, pero deriva en una espiral de chantaje, enfermedad mental y sadismo sexual. Lo que realmente divide a la audiencia no es solo su contenido extremo, sino la sombra de las acusaciones contra su director.
Un guión que atrapa… o repugna
La opinión se parte en dos. Para unos, el guión es brillante, con actuaciones notables de José Sacristán, Bárbara Lennie y Luis Bermejo, y una estructura en tres actos que enlaza las historias de forma trágica. La tensión psicológica y los planos estáticos propios del cine de autor generan una atmósfera asfixiante. Para otros, es un "bodrio absolutamente asqueroso" que indica una perturbación mental en su director. La premisa de la niña caprichosa y la escena de la violación son especialmente criticadas como gratuitas y sin sentido. El debate se extiende a la calidad del cine español subvencionado: la Ley Miró de 1982 es mencionada como origen de un sistema que financia producciones sin exigir resultados de taquilla.
El factor Vermut: obra y autor
Las acusaciones de conducta sexual inapropiada contra Carlos Vermut, que salieron a la luz años después del estreno, han teñido la recepción de la película. Algunos espectadores que inicialmente la rechazaron por su contenido vieron en esas denuncias una confirmación de su malestar. Otros sostienen que separan la obra del artista y que las acusaciones no tienen fundamento judicial. La película contiene escenas que hoy resultan incómodas a la luz de las controversias, lo que plantea la pregunta: ¿puede un director con ese historial ser juzgado solo por su trabajo? El escepticismo ante el relato oficial se extiende también al cine, y "Magical Girl" se convierte en un test de Rorschach sobre la moral del espectador.
La pregunta que queda en el aire: ¿vale la pena ver una película que despierta reacciones tan viscerales? Más allá del debate moral, su guión y su atmósfera la convierten en una obra que no deja indiferente, para bien o para mal.
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