SpaceX aterriza en bolsa: ¿bowling o castigo anunciado?
La salida a bolsa de SpaceX ha sido todo menos discreta. Con un precio de salida de 135 dólares por acción —más del doble de la valoración de Morningstar, que la situaba en 63—, la oferta pública desató el FOMO entre inversores minoristas que veían en la empresa espacial de Elon Musk el próximo bowling. Pero 46 días después, con la acción cotizando en torno a los 115 dólares, el escepticismo ha ido ganando terreno. ¿Se trataba de una oportunidad única o de un clásico caso de sobrevaloración alimentado por el hype?
La brecha de valoración: 135$ frente a 63$
El primer aviso lo dio Morningstar. Su valoración independiente, de 63 dólares por acción, contrastaba frontalmente con los 135 fijados en la OPV. Una discrepancia que no pasó desapercibida para los analistas más cautelosos, que recordaban que en las IPO de empresas no rentables —y SpaceX lo es— suele repetirse el patrón: salida sobrevalorada, subida inicial alimentada por el ansia de los primerizos, y posterior desplome cuando los insiders venden y el ruido mediático se apaga. «Preveo un buen debut y creo que sujetarán el precio durante algunos días. Después van a palmar», resumía un inversor experimentado antes de la salida.
Y así fue. Tras un primer envión que llevó la acción a los 166 dólares en aftermarket, la corrección no se hizo esperar. En semanas, el título cayó a los 115, un 15% por debajo del precio de salida y un 30% desde máximos. Algunos inversores, confiados en un hipotético suelo en los 100 dólares, empezaron a acumular posiciones con la esperanza de un rebote. Pero la pregunta seguía en el aire: ¿qué sostiene realmente esta cotización?
El relato frente a los números: Starlink, Marte y el factor Musk
SpaceX no cotiza por sus beneficios —que no tiene—, sino por la promesa de un futuro donde Starlink domine el acceso a internet por satélite y la colonización de Marte sea un negocio real. Los defensores de la compra argumentan que el verdadero valor no está en los cohetes reutilizables, sino en el monopolio potencial de la conectividad global. Sin embargo, los críticos señalan que, hasta ahora, Starlink sigue siendo un proyecto en fase de despliegue, con cuentas por cuadrar y una competencia creciente.
Elon Musk, por su parte, sigue siendo el mayor activo y el mayor riesgo de la compañía. Sus anuncios —desde hoteles en Marte hasta minas de tierras raras en el planeta rojo— tienen el poder de disparar la acción en cuestión de horas. Pero también de hundirla si la narrativa pierde fuelle. «La cotización depende de su capacidad para mantener viva esa narrativa, no de resultados económicos verificables», advierte un analista de la escena inversora. Con un 29% de las acciones en corto, el mercado está claramente dividido: unos apuestan a que el castillo de naipes se derrumbará; otros, a que Musk volverá a sacar un conejo de la chistera.
La sombra de la macro y el 'too big to fail'
A la incertidumbre propia de SpaceX se suma el contexto macro. La explosión de un cohete de Blue Origin —competidor directo— retrat el programa Artemis, lo que podría afectar a los contratos gubernamentales de SpaceX. Además, la política monetaria restrictiva en EE.UU. presiona a las valoraciones tecnológicas. Algunos argumentan que el mercado de renta variable está blindado: el 60% de los ahorros de los estadounidenses están en bolsa, y la Fed podría verse forzada a intervenir si cae. Pero otros recuerdan que la historia está llena de empresas prometedoras que quebraron o se diluyeron, como Gowex, Abengoa o Banco Popular.
Riesgo de short squeeze: el fantasma de Volkswagen
Con un interés corto del 29%, la acción es un candidato clásico a un short squeeze. Si Musk lanza un anuncio impactante, los cortos podrían verse forzados a cubrir posiciones, disparando el precio al alza de forma explosiva. Quienes recuerdan el caso Volkswagen en 2008 saben que no es una posibilidad descartable. Pero también es cierto que el calendario de salida de papel es «brutal», según un operador, y que los insiders tienen incentivos para vender.
El dilema del inversor: ¿comprar humo o esperar?
A día de hoy, la acción se debate entre los 100 y los 120 dólares. Algunos inversores han optado por estrategias de acumulación escalonada: comprar en tramos a medida que el precio cae, con el objetivo de vender en la siguiente subida de euforia. Para otros, la única jugada sensata es esperar a que el pole se asiente, dentro de dos o cuatro años, cuando el volumen caiga y el precio encuentre un suelo genuino. Hasta entonces, el mercado de SpaceX —como el propio Musk— promete ser un espectáculo lleno de giros, pero donde los fundamentales importan mucho menos que la fe.