El canibalismo como arma política: de Bokassa a Sánchez
En plena crisis política, la metáfora más utilizada para descalificar a un gobernante no es la de la corrupción, sino la del canibalismo. La referencia al dictador centroafricano Jean-Bédel Bokassa, acusado de haber comido carne humana, se ha convertido en un insulto recurrente. Esta semana, un individuo anónimo que afirmaba haber probado la carne humana y se ofrecía a responder preguntas ha servido de excusa para lanzar pullas contra Pedro Sánchez, Feijóo y Abascal.
La respuesta más comentada alude a las manos temblorosas del presidente, en referencia a su estado de salud, y se pregunta cuándo se «marcará un Bokassa» con sus rivales, dejando de postre a «Armongola», un juego de palabras que mezcla a la oposición con el país asiático. La ironía no es casual: el canibalismo se usa como metáfora de la voracidad política, del devorar al adversario. En el fondo, la broma revela el hartazgo con una clase política que se percibe como depredadora.
Mientras tanto, el intercambio incluye comentarios de tono soez que no aportan al análisis. Pero la pregunta queda en el aire: ¿es el canibalismo la metáfora definitiva de la política española, o solo un recurso más de una ciudadanía que ya no sabe cómo expresar su descontento?