La publicidad cae el 11,9% mientras se hunde el consumo televisivo
¿Por qué deja la gente de encender la televisión? La última parte del informe mensual de audiencias de Barlovento Comunicación, esa que casi nadie lee porque habla de dinero y no de programas, responde en tres líneas: la tensión publicitaria medida en GRP cayó un
11,9% en septiembre, los spots un 6,2% y las campañas un 0,8%. Menos anuncios es menos caja, y menos caja es una parrilla más pobre. La caída de audiencia de la televisión generalista deja de ser una impresión de sobremesa: ya tiene número.
Telecinco y Antena 3: liderar cuesta puntos
Antena 3 volvió a ser la cadena más vista, con
13 puntos de cuota, pero en el último año se ha dejado 1,3 por el camino. Su perseguidor tampoco está mejor: Telecinco ha perdido 1,8 puntos y su audiencia media se queda en
9,7 puntos, frente a los 10 (-0,2%) de La 1, que ocupa la segunda plaza. Corrieron ríos de tinta sobre la remontada del canal de Mediaset y el resultado es que su dato ha mejorado una sola décima desde septiembre. Ese 9,7% es su peor noviembre desde que hay registros: incluso en 1990, el año de su fundación, anotó un 10,4%.
¿Quién sigue viendo la televisión en España?
Cada español pasa
188 minutos diarios ante el televisor, un 4% menos y el dato más bajo de un mes de noviembre desde 1992. El promedio engaña, porque esconde dos países. Los jubilados dedican 355 minutos al día a la pantalla; los adultos de 45 a 64 años, 232 (-4%); los de 25 a 44, 105 (-11%); los jóvenes de 13 a 24, 59 (-12%); y los niños de 4 a 12, 69 (-13%). El desapego de las generaciones nuevas es un fenómeno que los analistas del sector no habían visto antes. El espectador que sostiene la audiencia es, precisamente, el que menos interesa a las empresas de gran consumo que compran publicidad.
Los canales temáticos recogen lo que sueltan los generalistas
Una parte significativa de la audiencia que abandona los canales generalistas reaparece en los temáticos, y el reparto es minucioso: Energy sube 0,2 puntos, FDF 0,3, Neox 0,2, Atreseries 0,2, Dmax 0,1, Mega 0,3, Paramount 0,2, Bemad 0,6, Ten 0,4 y Dkiss 0,1. Ninguna cifra es espectacular por separado. Sumadas, dibujan un trasvase silencioso hacia parrillas más baratas y menos dependientes del prime time. Ese goteo, canal a canal, es lo que mejor explica por dónde se escapa el negocio.
Los informativos: Antena 3 arrasa y Telecinco cambia de presentador
Antena 3 es líder absoluta del sector, con 2.154.000 espectadores de media (18,8%). La segunda es La 1, con 1.265.000 (10,9%), y la tercera Telecinco, con 1.229.000 (10,7%). Los dos últimos están más cerca de LaSexta (858.000, 8,7%) que del primero de la lista. El noticiario de Sandra Golpe gana su franja con el 21,6% del share y 2.188.000 seguidores; el de Vicente Vallés, por la noche, con 2.393.000 y el 18,4%.
Carlos Franganillo toma el relevo de Pedro Piqueras en un tramo donde Telecinco reúne 1.339.000 espectadores y el 10,3%, por debajo de La 1 (1.363.000, 10,4%).
¿Por qué la gente deja de ver la televisión?
Hay tres respuestas que se repiten. Una sostiene que el medio se ha quedado sin función: casi todo lo que emitía está en internet, gratis o por suscripción, y el espectador joven no vuelve. Otra apunta al contenido, a informativos y entretenimiento con una línea editorial que buena parte de la audiencia ya no traga. Y una tercera, más incómoda, defiende que cambiar de pantalla no cambia nada, porque las plataformas y el vídeo online responden a los mismos intereses comerciales que la TDT. En paralelo circulan avisos sobre el futuro técnico del sector: la hipótesis de que la UIT cierre la TDT en Europa hacia 2030 para liberar espectro radioeléctrico y las cadenas se reconviertan en plataformas, el cierre de algún canal recogido por la prensa y las informaciones publicadas sobre la salida de Borja Prado de la presidencia de Mediaset.
El consuelo demográfico
Queda un dato para el optimismo de las cadenas: si el espectador fiel pasa 355 minutos diarios en el sofá, todavía hay una generación entera dispuesta a sostener la parrilla. El problema es que esa generación no es la que más interesa a los anunciantes de gran consumo.