Esperar al Papa es de 'retrasados'; pagar 300€ por Bad Bunny no: la hipocresía del consumo cultural
Que la visita del Papa a Madrid movilice a miles de personas no debería sorprender. Pero en las redes, el espectáculo no es la comitiva papal, sino la furia que desata. "Hay que ser un auténtico retrasado mental para estar en la calle esperando a que pase el Papa", se lee en el inicio de una conversación que escaló rápidamente a insultos cruzados, amenazas —"los tiraba a los cocodrilos"— y acusaciones de "subnormal rojo".
Lo curioso es que, entre tanta bilis, asoma un argumento con cierta lógica: el coste. "Ir a ver a Bad Bunny cuesta 300 pavos", señala un comentario, mientras que esperar al Papa es gratis. La comparación no es inocente: el mismo que tacha de retrasados a los que aclaman al Pontífice probablemente pagó una fortuna por un concierto. ¿Dónde queda entonces la superioridad moral?
Detrás del insulto hay un poso de hartazgo con la "España de las masas", ya sea religiosa, musical o política. "Los tenemos de todo pelaje y colores: haciendo cola para Bad Bunny, votando a PSOE o PP, esperando al Papa o protestando", resume un intervención. Una variedad de subnormales impresionante, remata otro.
Pero el debate va más allá: ¿por qué se acepta sin crítica esperar horas por un cantante y se ridiculiza esperar por un líder religioso? La respuesta tiene que ver con la tribalización de las aficiones. El consumo cultural se ha convertido en identidad: pagar por un concierto es señal de estatus; hacer cola gratis para ver al Papa es, según esta mirada, señal de pobreza intelectual.
El círculo se cierra cuando un usuario responde al agresor inicial con una ironía afilada: "Hay que ser auténtico retrasado y fracasado para perder el tiempo en tu dorito-cueva criticando cómo pierden el tiempo los demás". Queda claro que el desprecio al prójimo no conoce ideología.
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