Pucherazo legal: la hoja de ruta del PSOE hasta 2031 y el etnocidio en marcha
Pedro Sánchez quiere ocho años más. Se le escapó en el Congreso, corrigió a cuatro, pero el rumbo está fijado hasta 2031, al menos. Y no es una ocurrencia: detrás hay una estrategia de ingeniería electoral que combina el control del escrutinio con la ampliación masiva del censo a través del voto CERA. Dos millones y medio de nuevos votantes residentes en el extranjero, mayoritariamente de países donde el PSOE arrasa, nacionalizados a toda prisa. El resultado, si nada lo frena, es un partido hegemónico enquistado en el poder.
El control del escrutinio: Indra, Correos y el CIS
La primera pata del pucherazo es el control de las herramientas que cuentan los votos. Indra gestiona el software electoral, Correos maneja el voto por correo, y el CIS produce las encuestas que marcan la agenda. Las tres entidades dependen directa o indirectamente del Gobierno. Quien nombra a dedo a los responsables de Indra está, según denuncian múltiples analistas, poniendo la llave de la urna en manos del partido que se presenta a las elecciones. Los algoritmos que procesan los resultados no son públicos, y el margen para la manipulación es real, sobre todo cuando hay millones de votos postales y del exterior que no pasan por las mesas electorales convencionales.
El voto CERA: 2,5 millones de votos cautivos del PSOE
La segunda pata es el voto CERA, el de los residentes en el extranjero. Según los datos que manejan los críticos del sistema, el PSOE está nacionalizando a un ritmo acelerado a ciudadanos de países sudamericanos que, una vez obtienen la nacionalidad, se inscriben en el censo exterior. En las últimas legislaturas se habrían sumado 2,5 millones de nuevos votantes CERA, y el voto de este colectivo va mayoritariamente al PSOE. No es una casualidad: es el resultado de políticas de inmigración y naturalización deliberadas, cuyo coste en pensiones no contributivas, ayudas y prestaciones se calcula en decenas de miles de millones de euros. La pregunta que nadie responde es: si estos nuevos votantes no pudieran votar, ¿los habrían traído?
La oposición, ausente; la UCO, como única esperanza
Mientras tanto, la oposición parlamentaria se limita a protestar sin mover ficha: ni recursos ante el Tribunal Constitucional, ni comisiones de investigación, ni denuncias públicas sistemáticas. La única resistencia real, según se ha visto en las últimas semanas, viene de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, que mantiene abiertas varias líneas de investigación sobre la presunta trama de corrupción que rodea al Gobierno. Algunos analistas apuestan incluso por la ilegalización del PSOE como única salida, pero el camino judicial es lento y el calendario electoral no espera.
Entre el control del voto y la abstención como respuesta —"la mejor disidencia es no participar", escribió Solzhenitsyn—, el escenario que se dibuja es el de un régimen enquistado hasta 2031 o más. Y por ahora, nadie hace nada para evitarlo.
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