En la economía del deseo, una corriente de pensamiento sostiene que el empoderamiento femenino ha inflado las expectativas hasta crear una burbuja insostenible. La metáfora es clara: si la oferta de atención masculina es abundante, el precio —en términos de exigencias— se dispara. Sin embargo, quien compra es quien pone el precio de mercado, y si hay demanda, el valor se sostiene.
El debate sobre la hipergamia digital
En espacios de discusión online se argumenta que muchas personas —independientemente de su atractivo objetivo— actúan como si estuvieran en la cúspide del deseo, amparadas por una legión de pretendientes virtuales. Frente a esto, hay quien replica que el problema no es el empoderamiento, sino la falta de autoestima masculina y la sobreabundancia de oferta de atención barata.
El pacto de no mirar
Una de las hipótesis que circula es la existencia de pactos tácitos entre mujeres para ignorar a los hombres en entornos sociales, creando una escasez artificial de atención. Se trata de una estrategia que, según algunos, tiene fecha de caducidad: las nuevas generaciones, más liberales, romperían el acuerdo.
La pregunta que queda en el aire es si esta burbuja de expectativas estallará por sí sola con el tiempo, o si el mercado se reajustará por pura dinámica de oferta y demanda. El tiempo —y las estadísticas de soledad— darán la respuesta.