Sánchez, de mito europeo a paria según la propia prensa afín
Pedro Sánchez ha pasado de ser el líder socialdemócrata de referencia en Europa a cargar con el calificativo de paria. La etiqueta no la ha puesto la derecha mediática, sino la prensa progresista de Bruselas, la que durante años le trató como el contrapeso natural a la oleada conservadora. El giro coincide con la crisis fronteriza en Ceuta y Melilla y con la gestión de la regularización de 1.300.000 personas, dos asuntos que han erosionado su crédito en la UE.
La lectura más dura sostiene que el aislamiento es consecuencia directa de la política exterior española: ni un solo socio comunitario ha reprochado a Marruecos la presión migratoria como invasión de territorio europeo. Mientras tanto, la Comisión mira hacia otro lado y la prensa que antes le adulaba ahora le exige explicaciones. Hay quien interpreta el cambio como un ajuste de cuentas: Sánchez ha dejado de ser útil porque el Partido Socialista Europeo ya no necesita su voto para sostener la mayoría parlamentaria.
Ceuta y Melilla: la frontera que rompió el consenso
La cifra que circula con más fuerza es la de 60.000 personas concentradas en la frontera, una imagen de colapso que ningún gobierno europeo ha querido comentar. La respuesta de Sánchez se limitó a un despliegue militar silencioso y a un discurso que culpabilizaba a las mafias, olvidando que la presión estaba orquestada desde el otro lado. Mientras, el ministro de Transportes, Óscar Puente, difundía un mensaje alardeando de las deportaciones exprés, lo que añadió leña al fuego. El contraste con la reacción europea ante crisis anteriores es brutal: con Marruecos no se plantean sanciones, con España se exigen responsabilidades.
El episodio ha reabierto el debate sobre la cesión del Sáhara, reconocida por Madrid a cambio de control migratorio. Los críticos sostienen que aquel giro no ha servido para contener la frontera y ahora convierte a Sánchez en rehén de Rabat. Los defensores recuerdan que la presión marroquí no es nueva y que ningún gobierno español ha conseguido resolverla.
Los fondos europeos no compran el respeto
En el plano económico, el contraste es llamativo: España es el país que más ayudas europeas ha recibido desde 2020, superando incluso a Italia, según los datos que se manejan. Bruselas le ha transferido la mayor partida de fondos de la UE, pero eso no le ha servido a Sánchez para blindarse políticamente. Cuando los comisarios han preguntado por el destino de ese dinero, la respuesta ha sido un silencio que alimenta la desconfianza.
A este escenario se suma la sombra del rescate de Plus Ultra: los escépticos citan los 10 millones de ese rescate como presunta financiación de la candidatura de Sánchez a la presidencia de la Internacional Socialista. El caso no está cerrado, pero ya forma parte del relato que explica su caída en desgracia.
El dilema de la oposición española
La discusión ha acabado por dividir a los críticos internos: hay quien considera que atacar al presidente durante una agresión exterior es ponerse del lado del enemigo, y quien responde que la política de Sánchez hacia Marruecos e Israel es exactamente la rendición que se denuncia. La derecha, en este punto, no ha sido más coherente: unas voces piden militarizar la frontera, otras evitan condenar a Rabat. El resultado es un presidente sin apoyos en Bruselas y con la oposición expectante.
La pregunta es si esta debilidad se trasladará a las elecciones del año que viene. Si la economía aguanta, Sánchez puede presentarse como víctima de una campaña exterior; si la frontera vuelve a estallar, el paria de Bruselas será también el paria de Moncloa. De momento, el único dato seguro es que su carisma ya no cotiza al alza.