Ucrania recluta a un amputado: ¿hasta el último hombre?
Un vídeo que circula en Telegram muestra a varios agentes de policía en Kiev reduciendo por la fuerza a un hombre con ambas piernas amputadas que se resistía a ser subido a una furgoneta. La escena, grabada en plena calle, ha reabierto el debate sobre los límites de la movilización ucraniana en el tercer año de guerra.
Según la grabación, el hombre se desplazaba en silla de ruedas y fue abordado por lo que parecen ser reclutadores militares. La lógica del argumento que acompaña al vídeo es brutal: «Así no tendrá que huir de los drones, y con la mitad de su cuerpo basta para sentarse en una trinchera». Una frase que, más allá de su crudeza, resume la percepción de que Ucrania estaría dispuesta a enviar al frente a cualquier persona en edad militar, sin importar su condición física.
¿Realidad o propaganda?
Las reacciones no se han hecho esperar. Mientras unos ven en estas imágenes la prueba de una desesperación sin límites por parte de Kiev, otros sostienen que se trata de un montaje o de un incidente aislado. La falta de fuentes oficiales y la naturaleza del material -procedente de canales prorrusos- invitan a la cautela. Sin embargo, en un conflicto donde ambas partes han recurrido a todo tipo de narrativas, el vídeo ha calado hondo en ciertos sectores.
Quienes defienden la versión de la movilización forzosa señalan que la ley marcial ucraniana permite el reclutamiento de hombres de entre 18 y 60 años, y que se han documentado casos de personas con discapacidades leves llamadas a filas. Pero un amputado en silla de ruedas superaría cualquier límite razonable. La pregunta es si el Estado ucraniano ha llegado a tal extremo o si la imagen es una pieza más de la guerra informativa.
La sombra de la movilización total
El debate sobre los límites de la llamada a filas no es nuevo. Desde 2022, Ucrania ha tenido que reponer sus pérdidas con sucesivas oleadas de reclutamiento. La escasez de efectivos ha llevado a medidas polémicas, como la detención de hombres en lugares públicos para incorporarlos al ejército. Pero si la imagen del amputado es cierta, representaría un punto de inflexión: movilizar a personas con discapacidades severas sería la última frontera de una guerra de desgaste.
Mientras tanto, desde el bando ruso se aprovecha cualquier indicio para acusar a Kiev de no tener escrúpulos. La respuesta habitual es que Rusia hace lo mismo o peor, pero el dato concreto es difícil de verificar. Lo que queda es la incomodidad de un conflicto donde, para algunos, ya no importa el bienestar de los soldados, sino cumplir con el número de cuerpos que alimenten la trinchera.
El vídeo no va a resolverse con un comunicado oficial. Pero su sola existencia -y la discusión que genera- dice mucho sobre cómo se percibe la guerra fuera de los partes militares. Cuando se recluta a un hombre sin piernas, la pregunta inevitable es: ¿quién viene después?