El independentismo catalán se desinfla: demografía, deuda y cambio generacional
La marea independentista que sacudió Cataluña en la década pasada parece estar retirándose. No por un gran acuerdo político, sino por la combinación de tres factores silenciosos: el relevo generacional, el acceso masivo a internet y la creciente dependencia económica del Estado. Mientras las generaciones mayores, las que vivieron el franquismo como trauma, siguen aferradas al soberanismo, los más jóvenes, educados en la red global, miran con indiferencia o rechazo el proyecto nacionalista.
El factor internet y el cambio demográfico
El acceso a internet ha roto el monopolio informativo del relato independentista. Los jóvenes catalanes, expuestos a contenidos en español y otros idiomas, han visto que el catalán no es llave del éxito profesional y que la economía catalana está más integrada en España de lo que el nacionalismo admite. A esto se suma la inmigración: el peso demográfico de la población llegada de fuera de Cataluña —y de sus hijos— diluye el voto independentista. Las proyecciones apuntan a que, en una o dos décadas, el bloque soberanista será testimonial.
La deuda como anestésico temporal
Pero el independentismo no se ha desinflado por convicción democrática, sino por la estrategia del actual Gobierno: un endeudamiento sin precedentes que ha financiado concesiones a los partidos nacionalistas. El símil de un niño mimado al que se le da todo es recurrente. Mientras el grifo del gasto público siga abierto, el conflicto permanece dormido. El problema, según los análisis, llegará cuando toque ajustar el déficit: entonces la tensión podría resurgir con fuerza.
Por ahora, los separatitas han desaparecido de la primera línea, pero nadie sabe si es una desaparición definitiva o solo una siesta financiada con deuda pública. El momento de la verdad llegará cuando la economía obligue a decir que no.