Adiós a los verificadores: Meta inclina la balanza hacia Trump
¿Qué hay detrás del anuncio de Mark Zuckerberg? El fundador de Meta ha confirmado el fin del programa de fact-checking en Estados Unidos, con un argumento que escuece: los verificadores «han sido demasiado parciales políticamente y destruyeron más confianza de la que han creado». La decisión llega en un momento clave, a las puertas de una nueva presidencia de Donald Trump. Y no es un gesto simbólico: Dana White, presidente de UFC y conocido aliado de Trump, había entrado en la directiva de Meta apenas dos días antes. Queda en el aire si estamos ante una rectificación sincera o ante una operación de equilibrio de poder.
El negocio del fact-checking: de herramienta de confianza a arma política
Lo primero que sorprende es la velocidad. El propio Zuckerberg había defendido durante años el sistema de verificación, incluso con presupuestos generosos. Ahora el péndulo gira. En el análisis económico, la decisión de Meta no se entiende sin la presión política y comercial. Facebook vive de las empresas, no de los usuarios que publican contenido. Los anunciantes buscan entornos controlados, pero también huyen de la censura cuando afecta a sus intereses. El fact-checking creado por Facebook y Google se convirtió en el estándar empleado por muchos medios online para moderar comentarios. Su eliminación en EEUU deja en el aire a todo un ecosistema de agencias de verificación que dependían de esas herramientas.
Europa sigue con el fact-checking: la libertad tiene fronteras
Mientras Zuckerberg entierra a los verificadores en casa, en Europa no habrá cambios. Es lo que se deduce de los comunicados: la nueva política se limita a Estados Unidos. La UE, que ya ha amenazado con sanciones bajo la Ley de Servicios Digitales, ve cómo se abre un doble estándar. En España, la ley antibulos —aprobada entre polémicas— queda en una situación incómoda: si Meta retira sus herramientas de verificación, la norma se queda sin uno de sus principales instrumentos de aplicación.
La coartada de la libertad de expresión
La defensa de la libertad de expresión de Silicon Valley resulta curiosamente selectiva. Puede que sea un giro hacia la libertad real, o puede que sea simplemente el momento de alinearse con el nuevo poder. Mientras tanto, los verificadores —esos que según Zuckerberg destruían confianza— buscan nuevo encaje. La historia dirá si era un cambio de ciclo o un simple cambio de chaqueta.