De la esvástica finlandesa al nazismo sueco: quién financió a quién
La esvástica que lució la fuerza aérea finlandesa desde 1918 no nació del partido nazi. Llegó como regalo del conde sueco Eric von Rosen, que ya la usaba como emblema personal desde que la vio en runas antiguas. Ese detalle se repite como coartada inocente, pero abre una discusión más incómoda: qué unió a esas élites nórdicas, la eugenesia de entreguerras y el nacionalsocialismo que después arrasó Europa. La pregunta directa es si
Finlandia fue un país nazi. La respuesta, como casi siempre, tiene menos titulares que matices.
Conviene separar dos cosas. El planteamiento inicial sostiene que a los grupos islamistas se les ha armado, entrenado y financiado con el mismo objetivo con el que se hizo en Europa con los nazis, y señala el caso ucraniano como siembra de caos previo a una supuesta reordenación política, económica y espiritual. Es una tesis
conspirativa, formulada sin pruebas, y así debe leerse. Otra cosa es el rastro documental de los von Rosen, que sí se puede seguir.
¿Por qué Finlandia usó la esvástica antes que los nazis?
El conde Eric von Rosen legó al Ejército Blanco finlandés un avión
Thulin Tipo D decorado con esvásticas en 1918, y con él estableció la fuerza aérea del país con ese símbolo como logotipo oficial. El partido nazi lo adoptó un año después. De ahí sale la conclusión cómoda: dos esvásticas sin conexión. El relato se desmorona en cuanto se mira a quién pertenecía el avión.
Los hermanos Eric y Clarence von Rosen eran nobles destacados que defendieron abiertamente la causa nazi y patrocinaron la eugenesia sueca a través del Instituto Sueco de Biología Racial de la Universidad de Uppsala, hacia
1922. Presionaron por leyes de esterilización e introdujeron a Hitler en la capa alta de la élite sueca. En 1933, Eric von Rosen se convirtió en miembro fundador del Partido Nacionalsocialista de Suecia. La coincidencia empieza a parecer otra cosa.
El castillo donde Göring conoció las esvásticas
Durante una estancia prolongada en el castillo
Rockelstad, en 1920, Hermann Göring vio por primera vez las esvásticas que decoraban el edificio y el pabellón de caza. También allí conoció a Carin von Kantzow, cuñada de Eric von Rosen, que poco después se convirtió en su esposa y en la que Hitler llamó «Primera Dama del Partido Nazi». El apoyo familiar al nazismo incluía, según este relato, su influencia sobre el Enskilda Bank sueco y sobre SKF.
Ariosofismo, la secta oculta que mezcló runas y racismo
Eric y Clarence von Rosen habían sido seguidores de una secta oculta llamada
ariosofismo, dirigida por un poeta místico obsesionado con las runas: Guido von List. Aquel tomó la teosofía de Madame Blavatsky y le añadió un giro de superioridad racial aria con foco en los mitos de Wotan. En esa secta, la esvástica y otras runas se trataban como imágenes sagradas con poder mágico. Von List organizó su grupo en un núcleo interno y otro externo, con una sociedad de élite llamada Alta Orden Armanen, en la que él ejercía de Gran Maestro.
De ahí surgió la
Sociedad Thule, otra organización oculta que contó entre sus miembros principales con Rudolf Hess, Hans Frank, Hermann Göring, Karl Haushofer y Dietrich Eckart, mentor de Hitler. El objetivo declarado pasaba por infundir misticismo oriental en una nueva era poscristiana que sustituyera a una supuesta «Era de Piscis» identificada con la razón de Sócrates, Platón y Cristo.
La guerra de Invierno y el francotirador que desmonta simplismos
El relato se llena de nombres cuando se habla del comportamiento finlandés en la Segunda Guerra Mundial. El más citado es
Simo Häyhä, apodado «La Muerte Blanca», un soldado que combatió contra los soviéticos durante la Guerra de Invierno, de 105 días de duración, y al que se atribuyen 505 soldados enemigos abatidos. El francotirador con más bajas de la historia, según los datos que maneja quien sigue el asunto.
Frente a eso, hay quien sostiene que en Finlandia el nazismo fue residual, como en España, y que el país estaba bajo un gobierno de tipo fascista cuando la moda europea empujaba a los estados militarizados. Se recuerda que los tribunales soviéticos que juzgaron a los finlandeses tras la guerra reconocieron un comportamiento noble, con el detalle de que se negaron a cerrar el cerco sobre Leningrado por considerarlo inhumano.
La eugenesia no era patrimonio de los nazis
Conviene una precisión que suele perderse entre gritos. La eugenesia fue una idea en boga en todo el mundo occidental desde mediados del siglo XIX hasta
1945, y el nazismo la incorporó, pero no la inventó. Se menciona también el caso sueco, donde se esterilizó a un número elevado de personas del pueblo sami, con cifras que se citan en torno a los cien mil. La biología racial tuvo laboratorio propio mucho antes de que Alemania lo llevara al extremo.
¿De dónde viene entonces el ruido? De una palabra prostituida. Se recuerda que «nazi» es la forma abreviada de nacionalsocialista, y que hoy se lanza contra cualquiera, incluidos combatientes o países enteros. El problema de llamar nazi a todo es que al final
nadie sabe qué significa. Y mientras tanto, la esvástica finlandesa de 1918 sigue en las maquetas de los aeropuertos, sin que nadie haya decidido todavía si cuenta una historia de independencia o una de vecindad incómoda.