Cuando los argentinos 'tercermundizaron' Times Square: crónica de una ocupación relámpago
¿Cómo lograron los argentinos convertir Times Square en un asador gigante en cuestión de horas? La escena, que ya es viral, muestra a grupos de inmigrantes argentinos desplegando parrillas, mates y carne en pleno corazón de Nueva York. Para algunos, es la prueba de que la cultura del asado no conoce fronteras; para otros, un síntoma de que el tercermundismo se exporta más rápido que el PIB.
Una conquista más rápida que la del metro de Madrid
Los argentinos han tardado menos en llevar su ritual a Times Square que lo que los inmigrantes peruanos necesitaron para hacer lo propio en el metro de Madrid, según se ha señalado. La comparación es cruel: mientras los peruanos tardaron años en instalarse con rap, empanadas y historias lacrimógenas, los argentinos han ocupado el epicentro turístico neoyorquino en cuestión de horas. Algunos lo ven como un mérito de su capacidad de organización; otros, como un indicador de que el declive urbano se acelera.
El espectro del siglo XIX y la risa de Milei
Las referencias históricas no se hicieron esperar. Un análisis recordaba que Nueva York ya vivió una situación similar a finales del siglo XIX, cuando llegaban oleadas de inmigrantes italianos del mezzogiorno, también llamados 'muertohambre'. La ironía es que, mientras esto ocurre, el presidente argentino Javier Milei se estaría riendo de Donald Trump, insinuando que la diáspora argentina es imparable. 'Más de la mitad te los comes que no vuelven', se apunta, en referencia a que los emigrantes no regresan.
La parrilla como identidad, la carne como bandera
Pese a las críticas, hay quien defiende la pericia argentina en el asado. El debate sobre quién hace la mejor carne a la parrilla es casi teológico: se ha recordado que hasta un argentino reconoció en un libro que la mejor parrilla se hace en España, pero ese detalle no ha frenado a los nuevos colonos de Times Square. La ofensa máxima para un argentino es decirle que no sabe de fútbol o que no sabe hacer carne; por ahora, ninguno de los dos reproches ha surtido efecto.
Tercer mundo: ¿lugar o gente?
La frase más certera del debate fue: 'El tercer mundo no es un lugar; el tercer mundo es su gente'. Da igual si el asado se sirve en Buenos Aires o en Manhattan: la cultura se traslada con las personas. Y cuando los argentinos llegan, el paisaje urbano cambia. La pregunta que queda en el aire es si Nueva York ganó un nuevo atractivo turístico o perdió un pedazo de su identidad. Probablemente, las dos cosas a la vez.