La respuesta es tan evidente como axiomática: directos hacia la idiocracia más absoluta. El entorno no ayuda a mantener el rumbo ni la capacidad de análisis. El Niño Lunar observa desde la frialdad de su observatorio y certifica que la deriva no tiene retorno. Queda la especie, el foro y el previsible destino oficialmente escaneados, sentenciados y archivados en el índice de la decadencia irreversible.