Aznar, 22 años después: la obsesión que no cesa y los números que pesan
Han pasado más de dos décadas desde que José María Aznar abandonó Moncloa. Su gestión sigue siendo la vara de medir para muchos, tanto para quienes lo añoran como para quienes lo detestan. Lo paradójico es que los datos ofrecen munición para ambos bandos.
Las cifras de inmigración que rompen el relato
Un vistazo a los datos de extranjería revela algo incómodo: durante el gobierno de Aznar (1996-2004) entraron 2,5 millones de inmigrantes. Con Zapatero, otros 2,5 millones, esta vez en recesión y con récords de paro. Rajoy estabilizó e incluso redujo las cifras. Sánchez, según proyecciones, podría cerrar 2026 con 5 millones adicionales, sin contar los 2,5 millones previstos por la ley de nietos. El resultado neto superaría los 7 millones desde 2018.
El legado de los fondos europeos: infraestructuras vs. I+D
Otra crítica recurrente al aznarismo es el uso de los fondos europeos. Mientras países como Estonia, Eslovenia o Polonia apostaron por modernizar su tejido productivo, España invirtió la mayor parte en obras públicas faraónicas. Hay quien sostiene que esa fue la última oportunidad de dar el salto al desarrollo y que se desperdició.
El espejismo de la nostalgia política
La fijación con aznar no es un fenómeno nuevo. Como ocurre con Franco o con figuras del XIX, cada generación busca un villano o un héroe en el pasado. La diferencia es que Aznar sigue generando cifras concretas para alimentar el debate.
Con estos números sobre la mesa, la pregunta incómoda es: ¿seguiremos midiendo la política económica con el termómetro de un presidente que se fue hace 22 años?
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