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MEJOR que dar cuatro gritos: Una vez que tuve un problema que me tocó especialmente los agallas (una demora a todas luces excesiva en una reparación en un servicio técnico oficial) me fuí a la Oficina del Consumidor del Ayto. y puse una reclamación por escrito.
Parece una chorrada y que estas cosas no valen para nada, pero me llamaron AL DÍA SIGUIENTE para que fuese a recoger el trasto. No el mío reparado, que evidentemente no les dio tiempo, sino uno completamente nuevo. Cuando estas reclamaciones se acumulan se arriesgan a sanciones, esto se nos olvida.
Claro que a veces la tentación de los cuatro gritos (y a veces incluso más) es irrefrenable, porque nos tratan a patadas como consumidores, cuando en otros países el trato a los clientes es lo fundamental, a veces incluso por encima de la calidad del producto.