El Ibex 35 de enero de 2014: banca disparada y objetivo en los 9.950
La mora del Santander en España cerró 2013 en el
7,49%, casi un punto por encima del 6,4% de septiembre. El Ibex 35 subió igual. Toda la contradicción de enero de 2014 cabe en esas dos cifras: un índice que celebraba liquidez mientras los balances seguían mostrando agujeros. El año arrancó con la banca disparándose en el pre-mercado, siguió con el selectivo por encima de los
10.050 puntos y terminó con Telefónica cayendo un 4% en una sola sesión y las quinielas técnicas apuntando a los 9.950.
Bankia a 1,24 euros: un millón de títulos en 20 segundos
El primer día del año sirvió para calibrar el apetito. En el pre-mercado las órdenes sobre la banca española llegaron a dispararse hasta extremos difíciles de creer, y Bankia fue el termómetro.
Un millón de títulos a 1,24 euros se cruzó en veinte segundos. El volumen no lo firmaba un minorista con el móvil: entraron manos grandes, con JPM vendiendo 4,5 millones y alguna casa comprando por bloques.
Popular, Bankinter y el propio Santander acompañaron el movimiento. El razonamiento que se repetía tenía poco de sofisticado y bastante de mecánico: si el dinero barato sigue fluyendo y el bono español se estrecha, alguien tiene que comprar bancos. El índice superó los 10.050 puntos y, en el arranque de 2014, eso se celebró con sorna:
el apocalipsis en vivo, decían algunos, que llevaban años escuchando que la bolsa española estaba muerta.
¿Por qué sube la bolsa española con la economía en crisis?
La pregunta recorrió todo el mes. La respuesta más repetida apuntaba a la liquidez: Reino Unido, Estados Unidos, Japón y China comprando activos a ritmo estratosférico, con los bancos centrales inundando bonos y bolsas. El argumento de fondo era incómodo:
si la prima de riesgo cae hasta el 3,7%, un 27% de subida anual del Ibex se queda corto.
El cálculo más optimista asumía que la fiesta continuaría mientras la Reserva Federal no frenase. El pesimista partía de otro sitio: el tapering, la retirada progresiva de estímulos, encarecería el bono y con él las hipotecas y los préstamos americanos. Se discutía si el dinero que dejaba de inyectar Estados Unidos sería reemplazado por capitales huyendo de los emergentes. Nadie cerraba la ecuación.
El HCH que fijó el suelo en los 9.950 puntos
A mediados de mes llegó la corrección. Telefónica se dejó un 4% en una jornada y BBVA un 5%, cifras que en un valor del peso de ambos no se ven todos los meses. El análisis técnico entró al rescate de los nervios: se dibujó un
hombro-cabeza-hombro con máximo en 10.550, clavícula en 10.250 y objetivo en 9.950.
La lectura era ordenada y hasta tranquilizadora: el castigo acababa matemáticamente ahí abajo y después tocaba rebote. Otros avisaban de que, tras un desplome así, lo razonable era esperar un rebote técnico
con la bandera de Japón ondeando por todo lo alto. El índice rebotó y el suelo aguantó varias sesiones. Las predicciones de 12.000 y hasta 14.000 puntos volvieron a circular sin que nadie pidiera demasiadas explicaciones.
Santander gana 4.370 millones y la mora sube al 7,49%
El resultado del año llegó al final del mes.
Banco Santander obtuvo en 2013 un beneficio de 4.370 millones, un 90% más que en 2012. Los mercados lo leyeron como una buena noticia a medias: mejor de lo esperado, pero no tanto como para justificar euforias.
El desglose geográfico explica por qué. Latinoamérica aporta el 47% del beneficio del grupo (Brasil el 23%, México el 10% y Chile el 6%), Europa el 43% (Reino Unido el 17%, España apenas el 7%) y Estados Unidos el 10%. España, motor de la crisis, se ha convertido en la parte pequeña del negocio. Y ahí está el dato incómodo: la mora en España escaló al 7,49% desde el 6,4% de septiembre.
Emergentes, China y la venta de Motorola a Lenovo
El 29 de enero Google anunció la venta de Motorola a Lenovo y el sector tecnológico americano se disparó en el after hours. La operación sirvió para que el mes cerrara con una tesis que se repetía: el capital huía de los países emergentes hacia Estados Unidos, y esa huida reforzaría el dólar.
De fondo, un default en el shadow banking chino sacudió las bolsas asiáticas y arrastró al resto. La lectura más cínica fue también la más repetida:
quien puede hacer la guerra hacia fuera tiene impresora, y quien tiene portaviones puede permitirse imprimir. Con Japón en 15.000 puntos exactos y una caída del 2,4% en una sola sesión, el escenario global se volvía menos cómodo.
Chicharros, stops y plusvalías latentes: el aviso
La advertencia llegó antes que la resaca. En un mercado así, se decía, los recortes pequeños se compran a saco, abundan las posiciones sin stop y los valores pequeños bajan de un 5% en un 5% con gaps que impiden salir a un precio razonable. Quien firmaba el aviso confesaba haber perdido un 60% en un valor, un 80% en otro y un 70% en un tercero. Todo, con posiciones de 5.000 o 6.000 euros.
Otros recordaban que las épocas de euforia disparan la codicia y la soberbia, y que el papel tiene dos caras. Tras la cara verde de enero vendría otra.
Las lágrimas serán de sangre y la piramidación será la horca, resumía uno de los veteranos, con diecisiete años de mercado a la espalda. El mes terminó con el S&P 500 desinflándose en el cierre, los futuros en rojo y las dudas sobre si el rebote aguantaría en febrero.
Con la mora al 7,49% y el índice en máximos anuales, la lógica dice que el siguiente tramo debería ser a la baja. Lleva diciéndolo todo 2014. Sería prudente no apostar demasiado a que esta vez acierte.