La h de «HAbeis» abre el catálogo de lo inexplicable
Alguien escribió «HAbeis» con hache en el título. Era el primer misterio de una discusión que lleva más de cuatro años abierta. A partir de ahí, los avistamientos de ovnis, las psicofonías y las parálisis del sueño se acumulan sin que la ciencia consiga cerrar todas las puertas. Ni siquiera la ortografía sale intacta.
Avistamientos: de la garita de 1993 al triángulo de 2019
Un exmilitar narró que en octubre de 1993, durante su decimoquinta guardia, vio sobre las cuatro de la madrugada la silueta de tres figuras inmóviles encima de una plataforma suspendida en el aire. Estuvo allí unos cuarenta y cinco minutos. No vio el momento en que desaparecieron. Tampoco avisó por el interfono: temía que al llegar el cuerpo de guardia ya no estuvieran y le cayera un arresto. Al acabar el turno, preguntó a la compañía y nadie había visto nada.
En verano de 2019, otro testigo estaba en el jardín de su casa, con una paella delante y un vaso de rioja en la mano, cuando «algo» le dijo que mirara al cielo. Vio un triángulo negro, sin ruido y sin estela, que se alejó hacia el horizonte. Para cuando quiso compartirlo con los familiares, ya era un punto diminuto.
También hay quien aseguró haber visto dos bolas de color verde que se movían de forma coordinada durante diez minutos y desaparecieron de golpe. Ninguno de estos relatos tiene más testigos que el narrador.
Parálisis del sueño: cuando el dormitorio se puebla de visitas
La parálisis del sueño aparece en los relatos como una constante. Es un trastorno documentado del descanso, pero los testimonios aportan detalles que no vienen en los manuales: alguien que se sienta en el borde de la cama, un olor a puro habano rancio que no viene de ninguna parte, una carcajada grabada en el móvil que no es la del durmiente.
Una participante relató cómo, a los 14 años, despertó con una presión sobre las piernas y notó que la cama se hundía, como si alguien se hubiera sentado encima. No podía moverse. No le ha vuelto a pasar.
La explicación clásica es una disociación entre el cuerpo paralizado y la mente despierta, con alucinaciones hipnopómpicas. Pero hay un matiz que la neurofisiología no termina de encajar: en varios casos, el fenómeno se repite en el mismo punto de la casa, con un perro que se niega a pasar por ahí y un medidor de campo electromagnético que se dispara.
Psicofonías y medidores de campo: el laboratorio doméstico
En una vivienda concreta se acumulan fenómenos durante años: bombillas que explotan, equipos de música que se encienden sin cable, voces que se registran de madrugada. El residente llegó a afirmar que hay un «portal» en el descansillo de la escalera y que sus mediciones de campo electromagnético coinciden con los sueños previos y con las psicofonías captadas.
El episodio más llamativo es una carcajada grabada en una habitación vacía. El autor de la grabación no la reconoce como propia, admite que podría ser un ronquido, pero insiste en que suena «en el lado contrario». La psicofonía, ese fenómeno de captar voces de otros planos en una cinta, tiene una tradición larga y unas explicaciones escépticas también largas: pareidolia auditiva e interferencias. La tecnología digital no ha resuelto el debate.
Coincidencias que no deberían serlo
No todo es electrónica. Hay una tortilla de patatas que fue lanzada al aire para darle la vuelta y no volvió a caer, ni al suelo ni pegada al techo. Un libro devuelto a la biblioteca que el sistema informático dio por no devuelto semanas después. Y la que quizá sea la anécdota más perturbadora: un hombre que, de joven, vio en la televisión un programa en directo que ya había visto antes, incluidos unos percebeiros que relataban lo peligroso de su oficio. Una semana más tarde, esos mismos percebeiros murieron en un golpe de mar.
Ninguna de estas historias sobrevive a una verificación mínima, pero todas comparten una textura incómoda: son demasiado concretas, demasiado personales, demasiado difíciles de archivar.
La deriva política: cuando la conversación se tuerce
A lo largo de cuatro años, la discusión se ha contaminado de todo lo demás. Alguien metió a Putin; otro, la campaña de vacunación. Un sector defendía que lo verdaderamente paranormal era que millones de personas se inyectaran un suero sin leer el prospecto. Otros responderán que hay que ser muy crédulo para creerse eso.
Es la misma división que atraviesa todas las anécdotas: los que necesitan pruebas y los que se fían de su experiencia. No hay punto intermedio.
El misterio no se cierra
Tras más de 1.300 testimonios, cuatro años de debate y ninguna prueba verificable, uno esperaría que el tema agotara. No lo ha hecho. Las parálisis del sueño tienen explicación; las psicofonías, probablemente también. Pero la tortilla que no bajó sigue sin encajar, y eso es suficiente para que el escepticismo más acerado se quede con una duda razonable.
Mientras tanto, la h de «HAbeis» sigue ahí, desafiando a la gramática y a cualquier intento de cerrar el asunto.