La estafa de los títulos sin oficio: así se fabricó una generación de universitarios inútiles
Más de una década de políticas educativas han convertido la universidad en una fábrica de graduados con honores que no saben cambiar una bombilla. El diagnóstico lo confirman perfiles variopintos: ingenieros incapaces de elegir una línea de datos, economistas ahogados en hipotecas que ellos mismos asesoraron, abogados que ignoran lo básico del derecho. Lo llaman «sobrecualificación»; quienes lo sufren lo llaman estafa.
El origen político de la burbuja universitaria
La masificación de los títulos superiores no fue casual. Gobiernos de Aznar y Rajoy utilizaron el sistema universitario como colchón del paro juvenil, reteniendo a millones de jóvenes en las aulas para que no engrosaran las listas del desempleo. El resultado: un mercado saturado de titulados sin competencias reales, lo que en círculos críticos se denomina «formación decorativa». Un máster de marketing digital no enseña a resolver un problema si el WiFi falla.
El coste psicológico de la farsa
La brecha entre el título y la capacidad genera ansiedad, miedo a no estar a la altura y desorientación, como señalan algunos análisis. El ser humano reducido a rendimiento y consumo encuentra un caldo de cultivo para el malestar, especialmente entre los jóvenes atrapados en una competitividad que no se traduce en valor real.
Efecto Dunning-Kruger: cuando el incompetente no sabe que lo es
La paradoja se completa con el fenómeno psicológico que explica por qué muchos titulados creen saber mucho más de lo que realmente dominan. Una combinación explosiva que perpetúa el ciclo de incompetencia convalidada.
El sistema no falla: cumple su función de producir un ejército de licenciados dóciles, hipotecados y sin oficio. La pregunta es si la próxima generación se atreverá a romper el molde o seguirá comprando el sueño del título como billete a ninguna parte.
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