España gana y aburre: ¿el equipo más egoísta?
El debate está servido: la selección española de fútbol ha vuelto a conquistar un título, pero el estilo de juego genera rechazo entre un sector creciente de aficionados. Se acusa al equipo de ser "el más egoísta", no por no pasar el balón, sino por no dejar jugar al rival. Una posesión asfixiante, presión constante y un tiki-taka interminable convierten los partidos en un monólogo. Los críticos aseguran que el fútbol ha perdido emoción: el rival solo se defiende y el espectáculo se diluye. Sin embargo, hay quien defiende que esa es precisamente la excelencia: un engranaje colectivo donde no hay estrellas insustituibles, como se vio con la ausencia de Lamine Yamal. "Cada rueda dentada se puede sustituir sin afectar al rendimiento", argumentan.
La acusación de tongo y el horario de la final
El malestar no solo es estilístico. Hay quien sostiene que el triunfo español no fue limpio. "Ni con tongo habéis podido ganar. Tres goles os hemos tenido que meter para desmontar el tongazo", se ha llegado a afirmar desde la otra orilla. La sombra de la conspiración planea sobre cualquier éxito reciente, aunque sin pruebas. A la polémica futbolística se suma la logística: las finales se juegan de día. Para muchos, es un error que resta empaque al evento y perjudica el rendimiento físico de los jugadores por el calor. Una queja recurrente que este torneo no ha corregido.
La sensación de que España no solo gana, sino que domestica al rival hasta anularlo, es lo que separa a los que celebran la eficacia de los que echan de menos la épica del intercambio de golpes. Los números acompañan al seleccionador, pero el relato no convence a todos. A ver si ahora hasta ganar va a ser perjudicial para la imagen del fútbol.