Guinea Ecuatorial: petróleo, infraestructuras y un socio de riesgo
Paradoja africana: un país que nada en petróleo desde hace una década, pero carece de carreteras, talleres mecánicos y hasta señales de tráfico. El oro negro ha llenado las arcas del régimen de Obiang, pero las infraestructuras básicas siguen siendo un agujero negro. Y eso, para según qué empresas españolas, huele a oportunidad. O a trampa.
El polémico constructor conocido como “El Pocero” ya había movido ficha, según se comentaba en círculos inversores. Con su ejército de paletas, el hombre que levantó el megaproyecto de Seseña –y que luego acabó en los tribunales– apuntaba al Golfo de Guinea. Pero el apetito constructor español no se detiene en él. Empresas de pladur, instaladores eléctricos y de telecomunicaciones veían un mercado virgen. En Marruecos, según una fuente del sector, dos operarios de Tarragona se estaban forrando con placas de yeso laminado; ¿por qué no replicarlo al sur del Sahara?
Una oportunidad que huele a madera vieja
El país no solo necesita asfalto. La madera de Guinea –esa que sostenía vigas centenarias en España– sigue siendo un recurso codiciado. Pero quien ha puesto un pie allí cuenta otra historia. Relatos de inversores que acabaron encarcelados acusados de “enemigos del estado”, con rescates que vaciaron los ahorros familiares. La embajada española, según esos testimonios, miró hacia otro lado; fueron franceses y estadounidenses quienes intermediaron.
El distrito financiero que emerge de la selva
A dos kilómetros de Malabo, el skyline cambia. Una zona financiera y empresarial crece sobre el terreno. Torreones de cristal y hormigón donde antes había manglar. Quienes han visto el reportaje de Españoles en el Mundo (RTVE) hablan de un país “que se está formando”. La pregunta es: ¿crecer con el país o crecer a costa de quien se atreva?
Los números cantan: petróleo y gas dan liquidez, pero el marco jurídico es una selva paralela. Contratos que se firman y se rompen, trabajadores que no vuelven. La historia de un constructor que pasó de tener fotos con el Rey a ser declarado enemigo del Estado es un aviso para navegantes. El gobierno de Obiang lleva años manteniendo la ficción de que la colonización justifica no pagar. El resultado: un mercado con sed de todo, pero con dentelladas.
¿Y ahora qué?
Quince años después de aquel hilo de 2009, el balance es ambiguo. Algunas empresas españolas siguen operando, muchas otras salieron escaldadas. El nuevo distrito financiero de Malabo promete ser elDubái africano, pero el espejismo del petróleo ya ha dejado más de un cadáver empresarial. La pregunta que ningún inversor serio debería eludir: ¿cuánto vale el riesgo de hacer negocios donde el contrato lo escribe el que tiene las armas?