Mercadona se come el negocio de los bares: el Gremio de Restauración denuncia por intrusismo a 30 supermercados
El Gremio de Restauración de Barcelona ha dado el primer golpe sobre la mesa. Ha presentado una denuncia administrativa contra 30 establecimientos de Mercadona, a los que acusa de intrusismo e incumplimiento normativo. El conflicto no es nuevo, pero esta vez la guerra se libra en el terreno legal: el gremio que representa a los restauradores barceloneses quiere que esos espacios de comida precocinada con mesas y microondas desaparezcan. Y ya hay quien lo compara con el IKEA, pero sin muebles suecos.
Zonas de descanso o restaurantes low cost
Mercadona defiende que sus mercaurantes no son zonas de restauración, sino de descanso. La cadena argumenta que ofrecen microondas, sillas y menaje para que los clientes puedan consumir los platos precocinados que compran en el mismo local, pero sin servicio alguno. Sin embargo, para Roger Pallarols, director del Gremio, no hay duda: son «restaurantes low cost» que operan sin licencia y vulneran la ordenanza municipal de comercio alimentario, que prohíbe cualquier actividad comercial o de servicios en la zona entre las puertas de acceso y las cajas de cobro. La ordenanza es clara, dice Pallarols, y la denuncia activa los mecanismos para que esos establecimientos «desaparezcan» de Barcelona.
Lo curioso es que el argumento del Gremio choca con la realidad del sector. Muchos restaurantes tradicionales también sirven platos de quinta gama —es decir, precocinados— a precios que, según se ha señalado, duplican o triplican lo que cuesta un plato similar en Mercadona. Un menú del día a 19,50 euros con arroz a la cubana, san jacobo congelado y helado de tarrina es difícil de justificar cuando al lado tienes una lasaña por cuatro euros. La pregunta incómoda: ¿es la denuncia una defensa de la legalidad o una cortina de humo para esconder la falta de competitividad?
Competencia desleal o libre mercado
La reacción en el sector no se ha hecho esperar. Mientras unos defienden que Mercadona compite en desigualdad —sin pagar las mismas tasas ni someterse a las mismas inspecciones sanitarias—, otros señalan que el gremio está dando una imagen de proteccionismo trasnochado. Si un supermercado puede ofrecer un espacio para comer con precios ajustados, el problema no es el supermercado, sino el modelo de negocio de quienes no pueden competir. La ironía es que los propios bares han fomentado este cambio: horarios rígidos, menús caros y servicios lentos han empujado a muchos consumidores a buscar alternativas más rápidas y baratas.
Además, el debate tiene un sesgo local. Se ha apuntado que si los supermercados fueran Bon Preu, una cadena catalana, probablemente no habría denuncia. La sombra de la parcialidad planea sobre la actuación del Gremio, que parece más centrada en una empresa concreta que en una supuesta vulneración generalizada de la normativa.
¿Qué pasará ahora?
La denuncia administrativa está presentada. El Ayuntamiento de Barcelona deberá pronunciarse sobre si los mercaurantes de Mercadona incumplen la ordenanza. Mientras tanto, la cadena seguirá vendiendo sus platos precocinados y los clientes, sentados en sus taburetes, seguirán comiendo una ensaladilla rusa por 2,50 euros. La batalla está servida y, como suele pasar en estos casos, el consumidor observa desde la barrera mientras los pesos pesados se enredan en la letra pequeña de las ordenanzas. El libre mercado, dicen unos, no debería necesitar denuncias para sobrevivir.