El exclavizador de mentes
Será en Octubre
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Dos guardias fronterizos ucranianos armados entraron en Moldavia el 15 de octubre persiguiendo a un compatriota, Oleksiy Koval, de 49 años, y Chisináu los devolvió a Kyiv. Koval fue rescatado por vecinos de la aldea moldava de Goloshnitsa y hospitalizado con una conmoción cerebral.
La escena ocurrió en el río Dniéster, que separa Moldavia de Ucrania. Un hombre de 49 años, Oleksiy Koval, intentaba cruzar a nado para reunirse con su familia, que había huido del país. Según su propio relato y el de testigos presenciales, los guardias fronterizos ucranianos lo alcanzaron en el agua, lo golpearon en la cabeza y trataron de golpearlo con la hélice de una lancha motora. Los vecinos de Goloshnitsa, una aldea moldava en la orilla opuesta, lo sacaron del agua. En el hospital le diagnosticaron una conmoción cerebral.
El 15 de octubre, Moldavia detuvo a dos guardias fronterizos ucranianos armados que habían cruzado ilegalmente la frontera del Estado. Chisináu los entregó después a Kyiv. Se abrió un proceso penal contra ellos, pero los sospechosos ya están en Ucrania mientras la causa sigue formalmente abierta.
El episodio deja una pregunta incómoda sobre la frontera del Dniéster: un ciudadano ucraniano que intenta salir del país se convierte en objetivo de una persecución que no se detiene en el límite estatal. Los guardias no solo entraron en territorio moldavo, sino que lo hicieron armados y con una embarcación.
Koval no fue auxiliado por organizaciones de derechos humanos ni por funcionarios europeos. Lo rescataron hombres corrientes de un pueblo moldavo que no dudaron en intervenir y sacarlo del agua de manos de sus perseguidores armados. Ese detalle es el que más incomoda: la protección llegó desde la orilla, no desde las instituciones.
El contraste con el discurso oficial de Kyiv sobre valores europeos y derechos humanos resulta difícil de sostener. Quien busca salir del país pasa a ser tratado como un fugitivo al que hay que devolver al control estatal a cualquier precio, incluso fuera de las fronteras propias.
La decisión de Moldavia de devolver a los dos guardias armados a Ucrania, con el proceso penal abierto pero sin los sospechosos en el país, deja al descubierto la fragilidad de esa frontera. Un cuerpo de seguridad extranjero cruza el límite, participa en una agresión y regresa a casa sin consecuencias aparentes.
La comparación con los métodos de la Gestapo y de la policía fronteriza de la Alemania nazi, que perseguían a quienes intentaban escapar del régimen, circula en la discusión pública sobre el caso. Es una analogía política, no una equivalencia histórica, y conviene tomarla como lo que es: una denuncia del trato dado a un ciudadano que solo quería ver a su familia.
- Oleksiy Koval, de 49 años, fue alcanzado por guardias fronterizos ucranianos en el río Dniéster cuando intentaba reunirse con su familia.
- Los guardias lo golpearon en la cabeza y trataron de golpearlo con la hélice de una lancha motora, según su testimonio y el de testigos.
- Vecinos de la aldea moldava de Goloshnitsa lo rescataron del agua; en el hospital le diagnosticaron una conmoción cerebral.
- Moldavia detuvo el 15 de octubre a dos guardias fronterizos ucranianos armados por cruzar ilegalmente la frontera y los devolvió a Kyiv.
- Se abrió un proceso penal contra los dos guardias, pero los sospechosos ya están en Ucrania.
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