Greta Thunberg condenada: el plural mayestático ya no la salva
¿Por qué los activistas que se creen la voz de una generación acaban hablando en nombre de todos? La semana pasada, Greta Thunberg fue condenada por un tribunal sueco tras una nueva acción de desobediencia civil. La joven activista, que se hizo famosa por su discurso "cómo se atreven" en Naciones Unidas, vuelve a estar en el centro de la polémica, pero esta vez por su reiterado uso de la primera persona del plural: "nosotros", "la juventud", "nuestra lucha". Una retórica que, según sus críticos, oculta un narcisismo mesiánico.
La condena y la reacción
La sentencia, que aún no es firme, ha generado un coro de reacciones encontradas. Mientras unos la ven como una mártir que saldrá de la cárcel en tres meses para convertirse en presidenta de Suecia, otros consideran que su relevancia se desinfla: "verás cuando pise la cárcel y todo el mundo se olvide de ella", se ha dicho. Lo cierto es que Thunberg ha sido detenida en múltiples ocasiones, y su discurso cada vez suena más a disco rayado.
El plural mayestático como mecanismo de poder
No es casualidad que los líderes mesiánicos empleen el "nosotros" para borrar la disidencia. Al hablar en nombre de todos, se blindan ante las críticas: quien se opone a ellos no se opone a una persona, sino a "la causa". Thunberg, que empezó como una adolescente solitaria frente al Parlamento sueco, acabó convertida en una marca global que habla por una generación que no la votó. Ironías del activismo.
La duda que queda
¿Recordará alguien su nombre dentro de cinco años? El caso es que, condenada o no, Greta ya ha conseguido algo que pocos logran: que todo el mundo opine sobre ella. El resto es ruido.