La pureza racial no existe: ni los bosquimanos se libran
¿Existe alguien racialmente puro? No. Ni siquiera los bosquimanos, el grupo que más se ha usado como ejemplo de aislamiento antiguo, escapan a la mezcla. Esa es la primera piedra que hace agua en la tesis de que Greta Thunberg tendría el mismo grado de pureza racial que una mujer mestiza hispanoamericana. Para ordenar a alguien en una escala de pureza hay que fijar antes el criterio que la define. Cualquier criterio es
arbitrario. Y ahí se acaba casi todo.
¿Qué significa pureza racial cuando se mira el ADN?
No hay un gen, ni una combinación de genes, que separe a una población «pura» de una mezclada. Lo que se mide son
proporciones de ascendencia respecto a poblaciones de referencia que alguien elige de antemano. Cambia la referencia y cambia el resultado.
Quien defiende que existen grados de pureza acepta implícitamente ese marco: renuncia al individuo puro y se queda con un continuo. El problema es que el continuo se define contra un patrón ideal que también hay que justificar. Sin ese paso previo, la palabra pureza describe una impresión, no una magnitud. No hay unidad de medida.
Los escandinavos ya eran mestizos antes de la agricultura
El retrato del nórdico homogéneo tiene fecha de caducidad corta. Los cazadores-recolectores escandinavos (SHG) eran ya una mezcla de
dos grupos genéticos principales: los cazadores-recolectores occidentales (WHG), procedentes del sur —Europa central y occidental—, y los orientales (EHG), llegados del noreste, de la zona de Rusia y el Báltico.
Se encontraron y se mezclaron en Escandinavia. De ahí salieron adaptaciones a la latitud alta: piel más clara, ajustes al frío y a la baja luminosidad. Vivían de la caza, la pesca y la recolección, con dependencia fuerte de recursos acuáticos como peces, focas y aves marinas.
Después llegó más gente. Los agricultores anatolios, hacia el
3900 a.C., y los llamados indoeuropeos, hacia el
2800 a.C. La supuesta pureza original es, en realidad, la foto de una mezcla anterior que se toma por punto de partida.
¿Se puede adivinar la ascendencia mirando la cara?
No. Los rasgos faciales son un indicador pésimo. Una persona de piel clara puede tener rasgos que no encajan en el estereotipo europeo y no por eso deja de tener ascendencia europea mayoritaria; y al contrario. El aspecto depende de un puñado de genes con variación continua, no de un certificado de origen.
A eso se suma un detalle demográfico que se apuntó de pasada: en los países nórdicos hay población de origen migrante llegada desde los años 70 —chilenos, colombianos, iraquíes—. Identificar «escandinavo» por la cara es adivinación. Con
foto fija y sin papeles, más todavía.
Qué queda cuando se retira la escala de pureza
Queda la ascendencia, que es un dato descriptivo: qué proporción del genoma de alguien se parece más a una población u otra. Útil para estudiar migraciones, adaptaciones y enfermedades. Inútil para jerarquizar personas, porque el porcentaje no dice nada sobre quién es mejor ni sobre cuánto pesa cada apellido.
El consuelo para los aficionados a la escala es de lógica elemental: si nadie es puro, nadie puede ser impuro. No hay medalla.