La mujer músculo y el pánico de la masculinidad frágil
¿Qué ocurre cuando una mujer se esculpe a base de pesas y proteína? La pregunta no es por su salud ni su técnica, sino por la reacción que provoca en un sector de los hombres. La última polémica la ha desatado una crossfitera anónima cuya foto se ha convertido en blanco de burlas por su musculatura. Y la cuestión que flota es si ese rechazo responde a un criterio estético o a un miedo mal disimulado.
La masculinidad tan frágil que se ofende ante un bíceps
La masculinidad frágil se caracteriza por una necesidad constante de reafirmación. Cuando una mujer desarrolla una musculatura comparable a la de un culturista, el orden simbólico se tambalea: ¿qué queda de la diferencia «innata» de fuerza? La respuesta de muchos es la burla, el insulto o la patologización del cuerpo femenino. Se la compara con «un hombre» o se afea su aspecto, como si la feminidad tuviera un solo molde permitido.
La hipocresía del esfuerzo estético
Frente a eso, hay quien sostiene que la crítica no es al cuerpo, sino a la actitud. El comentario típico: «mientras no se ponga a marcar músculos». Como si el esfuerzo físico femenino fuera aceptable solo hasta el límite de lo decorativo. La hipocresía es mayúscula: el culto al cuerpo masculino se admira, el femenino se castiga. La evidencia: la misma disciplina que a un hombre le reporta halagos, a una mujer le vale descalificaciones.
Al final, la conversación aterriza en un callejón sin salida. Si el músculo femenino ofende tanto, quizá el problema no es el bíceps.