Cuántica y gnosticismo: el malentendido que alimenta el mito
La mecánica cuántica no dice que la conciencia colapse la realidad. Lo que colapsa es la función de onda, y lo hace por la interacción con un aparato de medición, no por un observador consciente. El malentendido lleva décadas circulando por la cultura new age, y el gnosticismo contemporáneo lo ha adoptado como combustible.
La pregunta surge de la hipótesis de que, si todas las almas volvieran a la fuente, el mundo material colapsaría al quedarse sin conciencia que lo contemple. Es una cuestión metafísica sin respuesta empírica, pero su premisa física se cae: la interpretación que exige un observador consciente no es la estándar, y el colapso cuántico es un problema de medición, no de percepción.
El demiurgo: ¿un error de Sophia o un filtro intencionado?
El segundo frente de esta conversación es la naturaleza del demiurgo. La versión clásica lo retrata como una criatura imperfecta, nacida del error de Sophia, ajena a la verdadera divinidad. Pero una corriente alternativa sostiene que un Dios perfecto no puede engendrar imperfección, y que el escenario material funciona como un filtro purgativo: el demiurgo separaría la luz preparada para retornar a la fuente. Como se ha dicho, una cosa es la ignorancia y otra el ignorancia: la supuesta torpeza del creador material es, para esta lectura, parte de un plan.
En este terreno se mueven autores como Guillermo Mas Arellano, que ha popularizado la gnosis en español con libros como Descendientes de la Sabiduría, y Reza Jorjani, cuyas tesis sobre el colapso de la realidad han llegado hasta recomendaciones de la cantante Dua Lipa. Poco que ver con los evangelios apócrifos, pero mucho con el imaginario esotérico actual.
La tensión entre un Dios perfecto y un mundo imperfecto sigue sin cerrarse. Si el demiurgo es un arquitecto o un aprendiz, nadie lo ha demostrado. La cuántica, desde luego, no es testigo de ninguna de las dos partes.