El padre polaco que unió Garabandal y el silencio del Vaticano
El 9 de marzo de 2020, el obispo de Siedlce, Kazimierz Gurda, entregó al reverendo Adam Skwarczyński el dictamen de una comisión teológica que había investigado sus actividades y enseñanzas. El resultado: censura eclesiástica. El sacerdote, conocido por sus visiones marianas paralelas a las de Garabandal, quedaba apartado de la opinión pública. Desde entonces, su rastro se ha desvanecido.
Una censura con fecha y sello
Todo comenzó en diciembre de 2019, cuando el obispo Gurda nombró una comisión especial para examinar las denuncias contra Skwarczyński, párroco de la diócesis polaca. Las quejas provenían tanto de fieles como de clérigos. La comisión trabajó durante un mes y, en enero de 2020, emitió un veredicto que el obispo comunicó al sacerdote en marzo. El contenido del dictamen no se ha hecho público, pero el silencio posterior es elocuente: Skwarczyński desapareció del mapa mediático. Quienes lo seguían lo dan por «missing».
El enlace con Garabandal y las profecías
Skwarczyński fundó en Polonia el movimiento «Iskra z Polski» (La chispa de Polonia), y sus seguidores aseguran que sus visiones corrían en paralelo a las de las niñas de Garabandal, la famosa aparición mariana de los años 60 en Cantabria. Incluso se señalan sincronías: Conchita, la vidente principal de Garabandal, nació el 7 de febrero de 1949; el padre Adam, en 1946 en la aldea de Rakowiec. La coincidencia numérica del 7 aparece en sus mensajes proféticos. Algunos fragmentos de sus revelaciones hablan de un «gran milagro entre marzo y mayo», sin especificar año, y de guerras civiles en Europa para 2025-2030.
La controversia no se limita a lo espiritual. Skwarczyński también se pronunció sobre geopolítica —planes de Israel, financiación de Hamás— lo que para sus defensores le da credibilidad; para sus detractores, lo sitúa en el terreno de la conspiración. En paralelo, la diócesis de Siedlce guarda silencio, y el sacerdote sigue sin aparecer.
El negocio de las apariciones y el protocolo vaticano
El caso Skwarczyński llega en un momento en que la Iglesia católica intenta poner orden en el bosque de revelaciones privadas. Mientras Medjugorje ha recibido un «nihil obstat» parcial del papa Francisco —sin reconocer lo sobrenatural, pero sí los frutos espirituales—, Garabandal sigue sin pronunciamiento oficial. La desconfianza de una parte del clero hacia estas manifestaciones es notoria: algunos sacerdotes «suspenden el juicio», otros las consideran un espectáculo. En este contexto, la censura a un sacerdote que las defiende abre más preguntas que respuestas.
¿Fue Skwarczyński un visionario genuino silenciado por una jerarquía temerosa, o un caso de desviación doctrinal? El obispado no lo aclara, y el protagonista de la historia ha desaparecido. La chispa de Polonia, de momento, solo deja humo.