Eric Finch
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El columnista Ignacio Camacho sostiene en ABC que Pedro Sánchez cierra su mandato con un "fraude de ley" al intentar convalidar en la Comisión Permanente del Congreso un decreto que el Pleno había rechazado. La tesis del artículo es que esta maniobra forma parte de un método de gobierno basado en eludir controles parlamentarios.
El columnista Ignacio Camacho sostiene en ABC que Pedro Sánchez cierra su mandato con un "fraude de ley" al intentar convalidar en la Comisión Permanente del Congreso un decreto que el Pleno había rechazado. La tesis del artículo es que esta maniobra forma parte de un método de gobierno basado en eludir controles parlamentarios.
El columnista Ignacio Camacho firma en ABC un artículo titulado «Cum fraude de ley» en el que sostiene que Pedro Sánchez afronta el final de su mandato con una maniobra fraudulenta. La pieza, publicada el 7 de octubre de 2026, no se limita a criticar una decisión concreta: construye una tesis sobre el método de gobierno del presidente.
El núcleo del texto es la convalidación en la Comisión Permanente del Congreso de un decreto que el Pleno había tumbado previamente. Camacho califica esa operación de "fraude de ley tan grande y visible como la catedral de Toledo". Su argumento es que la Permanente, un órgano con proporcionalidad reducida y carácter provisional, sirve aquí para burlar el espíritu del reglamento parlamentario.
La comparación que usa el articulista es deportiva: ganar la eliminatoria en el partido de vuelta con alineación indebida y árbitro casero. No es una crítica al resultado electoral, sino al procedimiento. Lo que se cuestiona es que un órgano reducido pueda revertir lo que decidió el Pleno.
Camacho no presenta el episodio como un caso aislado. Escribe que la trampa acompaña a Sánchez desde que era estudiante, menciona un plagio en el doctorado y dos intentos de "pucherazo" en el partido. Ya en el Gobierno, describe un patrón: incumplimiento de promesas, leyes retorcidas, sorteo del Congreso cuando ponía dificultades y colocación de personas afines en puestos clave.
El artículo enumera varios ejemplos concretos. Cita una votación que califica de dolosa contra sus propios compañeros, la presentación de proyectos legislativos como iniciativas de partido para eludir dictámenes preceptivos, el incumplimiento de la obligación de presentar presupuestos y el uso de una instrucción ministerial para alterar el censo mediante una interpretación torticera de la llamada ley de nietos.
El columnista sostiene que Sánchez concibe el poder como una carta blanca para hacer lo que le dé la gana. Frente a la imagen de habilidad táctica, Camacho opone la de una falta de escrúpulos para procurarse posiciones de ventaja. La distinción que traza es interesante: no cree que Sánchez haya descubierto grietas del sistema, sino que es el único que se ha atrevido a explotarlas.
Sus antecesores, argumenta, las soslayaban por un concepto elemental de decencia democrática. La novedad no estaría en la existencia de fallas en el ordenamiento, sino en su uso sistemático. El artículo menciona que aún quedan instituciones, como la Justicia, capaces de resistirse a esas artimañas.
Camacho anticipa más maniobras de aquí al 29-N. Escribe que Sánchez bordeará el ordenamiento por dentro o por fuera, y señala dos hechos que presenta como inéditos desde la Transición: ser el primer presidente que no sufre una huelga y el primero que la convoca contra la oposición a través de sus sindicatos de cabecera.
El cierre del artículo apunta a un daño más profundo que cualquier maniobra concreta. La tesis final es que la adulteración perpetua ha conseguido que la gente dude de un procedimiento electoral que hasta hoy era reconocido por su limpieza. Se vaya o se quede, escribe Camacho, ésa será su peor herencia: poner la base misma del régimen democrático bajo sospecha.
Se trata de una columna de opinión, no de una información contrastada. Las afirmaciones sobre intenciones, métodos y consecuencias son valoraciones del autor.
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