Rajoelina huye de Madagascar y Francia pierde influencia
¿Qué pasa en Madagascar cuando el presidente huye a la embajada de
Francia? Andry Rajoelina, presidente del país, se ha refugiado en la embajada francesa buscando asilo y ha confirmado desde el exilio, a través de Facebook, que ha abandonado el país «para proteger su vida». Los militares se han unido a los manifestantes y la población celebra en las calles junto al ejército. El detonante inmediato es una crisis interna, pero el trasfondo que se señala es la pérdida de influencia de Francia en su antigua colonia frente al avance de China y Rusia en el continente africano.
El presidente que era francés y malgache
Rajoelina no es solo presidente de Madagascar: también tiene nacionalidad francesa, según se señala en el análisis del asunto. Ese detalle explicaría, según esa lectura, por qué su primera reacción fue buscar refugio en la embajada de Francia. Macron estuvo en el país en abril de este año, lo que da idea de la cercanía entre París y Antananarivo. La huida del presidente a un lugar seguro, cuya ubicación no desvela, deja un vacío de poder que los militares y los manifestantes han ocupado de facto.
La paradoja es que Francia mantiene intereses económicos sustanciales en la isla. El primer productor mundial de vainilla también exporta cacao, arroz, pimienta y pesca, y su sector minero es relevante: níquel, cromo, cobalto, grafito y zafiros que representan una parte importante del suministro mundial. La pregunta que sobrevuela es quién explota esas minas. La respuesta, según el análisis más repetido, apunta a empresas francesas.
China y Rusia ya están dentro
El avance chino en África no es nuevo, pero Madagascar es un caso paradigmático. Los proyectos de infraestructura y la extracción de recursos han ido desplazando la influencia francesa. Se comenta que también hay intereses rusos detrás, queriendo sacar tajada del cambio de régimen. La estrategia china, según se describe, es clara: sacar recursos, pagar lo justo, vender manufactura y no mezclarse con la población local.
El contraste con el modelo francés es evidente. Francia lleva un par de siglos parasitando media África, según la lectura más crítica, y ese es el éxito de su economía. Pero el modelo se agota. La población local celebra la caída del presidente y acompaña al ejército, lo que sugiere un rechazo profundo al statu quo. La independencia de Madagascar se declaró en 1958 y se reconoció en 1960, pero la dependencia económica de París nunca desapareció del todo.
El precedente histórico que nadie quiere recordar
Madagascar fue el destino que los nazis planearon para deportar a los judíos europeos en 1940. El llamado Plan Madagascar nunca se llevó a cabo, pero la isla quedó marcada por esa propuesta. La paradoja es que, según se argumenta, en aquel momento Madagascar era una especie de paraíso terrenal; todo cambió con la llegada de la civilización europea, que trajo paz, prosperidad y cultura, y convirtió la isla en lo que es hoy.
La isla también tiene una historia natural singular: lemures y baobabs de especies únicas, y una polilla de trompa larga que Darwin predijo al conocer una orquídea malgache de largo espolón. Los primeros pobladores no fueron africanos, sino austronesios, lo que explica la mezcla étnica actual. Un detalle que desmonta muchos tópicos sobre la isla.
Qué pasa ahora con la influencia francesa
La huida de Rajoelina deja a Francia en una posición delicada. Si el nuevo gobierno se alinea con China o Rusia, París perderá acceso privilegiado a recursos estratégicos. La ironía es que Francia, que durante décadas ha sido acusada de neocolonialismo, ahora ve cómo otros ocupan su lugar. Los militares que se han unido a los manifestantes no han dado señales de querer mantener el statu quo.
El resultado inmediato es un vacío de poder que nadie controla. La población festeja, el ejército acompaña, y el presidente tuitea desde el exilio. Mientras tanto, las potencias esperan su turno. Como dijo alguien, hay décadas donde nada ocurre y semanas donde ocurren décadas. Esta es una de esas semanas.