León XIV en Madrid: el fracaso de una visita que no convoca
El papa León XIV aterrizó en Madrid y la ciudad apenas se enteró. Mientras la Conferencia Episcopal Española gastaba entre 15 y 25 millones de euros en una visita que prometían multitudes, las calles del centro mostraban una asistencia muy por debajo de las expectativas. No es que hubiera protestas; es que no había nadie. La comparación con las visitas de Juan Pablo II en 2003, cuando las avenidas se abarrotaban, resulta demoledora.
Un despliegue de millones para audiencias vacías
El costo astronómico del viaje —financiado mediante un sistema de patrocinios con cinco niveles de mecenazgo— contrasta con la respuesta popular. Según la documentación filtrada de la CEE, el evento se sostenía sobre aportaciones de grandes empresas que compraban acceso VIP al pontífice. Pero el cliente católico, como señalaba algún análisis, no tragó con las estafas de alquileres de balcones y camas calientes. La avaricia de los particulares que pedían precios desorbitados por habitaciones o sofás espantó a los peregrinos, que prefirieron quedarse en casa o acudir a los polideportivos habilitados.
De la euforia de 2003 a la indiferencia de 2025
En 2003, Juan Pablo II reunió a más de un millón de personas en las calles de Madrid. En 2011, la JMJ ya evidenció un declive, con actos confinados en Cuatro Vientos. Ahora, León XIV programa sus grandes misas en estadios cerrados para maquillar el vacío exterior. La razón no es solo la secularización: el perfil progresista del Papa —heredero de la línea de Francisco— espanta a los católicos tradicionalistas, que lo ven como un destructor de la doctrina. Encíclicas como Magnífica Humanitas, que beben del Concilio Vaticano II y de Bergoglio, son anatema para los sectores más conservadores.
El Papa de los patrocinios y la indiferencia popular
El sistema de patrocinios —con categorías como «Gran Benefactor» y tarifas que podían alcanzar cifras de seis dígitos— convirtió la visita en un acto de élite, no de fe. Mientras, la mayoría de los madrileños veía el partido del Atlético de Madrid o ignoraba la agenda papal. La cabalgata de Reyes despierta más entusiasmo, ironizaban algunos. El papado itinerante, que deja su sede romana para girar como una estrella del rock, ha perdido su capacidad de convocatoria.
La pregunta que queda en el aire: ¿es la visita de León XIV el síntoma definitivo de que España ya no es católica, o solo el fracaso de un Papa al que nadie, ni progres ni tradicionales, siente como suyo?
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