Las fotos de Roma de 1840-1870 que muestran el expolio del Coliseo
¿Qué ve un economista cuando contempla las primeras fotografías de Roma? Un yacimiento de materiales de construcción. Las imágenes captadas entre 1840 y 1870 retratan el Coliseo, los foros y la vía Apia en un estado que parece de posguerra: muros desmochados, columnas caídas, suelo cubierto de escombros. No es el deterioro natural de los siglos; es el resultado de un expolio sistemático que financió la edificación de gran parte de la Roma moderna.
Una cantera de lujo: piedras, columnas y mármol a coste cero
Muchas casas de Roma se construyeron con piedras, columnas y partes de los monumentos antiguos. También el Vaticano y un buen número de iglesias. Era una práctica rentable: los materiales extraídos de las ruinas no tenían coste de extracción ni transporte, y su calidad superaba a la de las canteras locales. Existen incluso interpretaciones que sostienen que la propia basílica de San Pedro pertenece a la misma época que las ruinas, una hipótesis sin consenso académico pero que añade un giro especulativo al debate. La picaresca de la construcción no es un invento moderno: ya en el siglo XVIII, el pintor Giovanni Battista Piranesi documentaba en sus grabados el estado de unas ruinas que seguían siendo expoliadas. La cuestión no es exclusiva de Italia. En España, la piqueta se cebó con el patrimonio para levantar bloques de viviendas, y en Atenas el paisaje era aún peor: un erial con chabolas, como describen los viajeros de la época.
El coste de conservar frente al de derribar
Conservar las ruinas implica asumir un coste de oportunidad: el suelo donde se asientan no se urbaniza y los materiales no se venden. La opción contraria, demoledor, ofrece ingresos a corto plazo pero destruye un activo que con el tiempo se revela mucho más valioso. El Coliseo genera cada año millones de euros en turismo; ningún bloque de pisos soviéticos pagaría esa renta. La próxima vez que un ayuntamiento ponga precio a un edificio histórico, conviene recordar que el valor de las ruinas no se mide solo por el suelo que ocupan, sino por la leyenda que convierten en negocio.