El idioma suena viril o afeminado según quién lo escuche
El castellano es la misma lengua en España y en México. La misma frase pasa por
viril, por
paleta o por afeminada según el oído que la reciba. La discusión sobre la
sonoridad de los idiomas y su supuesta relación con el carácter de quienes los hablan vuelve a la superficie: un intercambio reciente reúne desde la tesis de un participante de que el español de España es «una lengua
de machotes» hasta la de otro que lo asocia a
telenovelas y a voces agudas.
¿Por qué asociamos un acento con el carácter de quien lo habla?
Un forista sostiene que «está más que comprobado» que la gente asocia la sonoridad de un idioma al carácter de sus hablantes. Al mismo idioma se le cuelga la etiqueta de
viril o de blando según quién lo pronuncie y en qué contexto. Ese mismo forista defiende que la asociación es inevitable, porque tiende a extrapolar los rasgos de una voz al resto de la persona. En contra pesa un argumento: el mismo acento que aquí suena basto pasa por adorable en otro contexto, sin que haya cambiado una sola consonante.
El prestigio de una lengua no se mide por cómo suena
Una lengua que habla mucha gente y con todo tipo de acentos acumula prejuicios internos —la asociación de ciertas hablas con lo rural o con lo vulgar— que no dicen nada del idioma, sino de quien jerarquiza. Frente a ese juicio, un participante relata que escribe en castellano y en tres idiomas más sin que ninguno le cause conflicto.
La pregunta sigue abierta. ¿Puede una misma lengua pasar por viril y por afeminada a la vez, según el oído que la escuche? A la vista de lo discutido, depende menos del idioma que de quien lo mide.