Florida crea una guardia estatal que solo obedece al gobernador
El gobernador de Florida, Ron DeSantis, ha activado una segunda fuerza armada estatal: la Florida State Guard, llamada a operar junto a la Guardia Nacional del estado, pero con una diferencia que lo cambia todo.
No recibe ni un céntimo del presupuesto federal. Solo obedece órdenes del gobernador. Arranca con
400 miembros. Y en fechas próximas a ese anuncio, los republicanos de Texas declaraban a Biden presidente ilegítimo. Vistas por separado, son dos noticias de política interior. Vistas juntas, la pregunta se escribe sola.
Qué es la Florida State Guard y por qué no depende de Washington
Conviene un dato de contexto que suele perderse: cada estado de la unión tiene su propia Guardia Nacional, y esa fuerza pasa a mando federal cuando el presidente lo dispone. Históricamente el ejército federal era enano y quienes defendían el territorio eran las milicias estatales. El modelo actual es una capa más de esa arquitectura, con una particularidad —
el mando se comparte— que hasta ahora nadie había retorcido del todo.
De ahí el ruido. La unidad que estrena Florida se sale de ese esquema: se financia solo con dinero estatal y su cadena de mando no pasa por Washington. Con
400 efectivos, es una fuerza modesta en términos absolutos, pero el precedente pesa más que el número. Insistir en que una Guardia Nacional es federalizable y esta no lo es no aclara nada: precisamente esa es la novedad, y precisamente por eso se ha convertido en el punto discutido.
Los militares expulsados por no vacunarse, objetivo de reclutamiento
El gobernador ha animado a apuntarse a los militares expulsados del ejército nacional por no haberse vacunado. Es, en la práctica, un gesto con más carga simbólica que efecto operativo: recupera para una estructura estatal a personal que quedó fuera de la federal.
Un detalle que no es casual y que alimenta la lectura política del conjunto.
¿Puede un estado separarse de Estados Unidos?
La respuesta corta es no. Antes de la guerra de secesión, Texas conservaba su derecho de autodeterminación; después, todo eso quedó abolido y ningún estado puede autodeterminarse por su cuenta. La pertenencia a la federación dejó de ser un contrato revocable, si alguna vez lo fue. Frente a ese dato jurídico se alinean otros dos: Texas fue república antes de firmar su entrada en la unión, y se sostiene que Florida y Texas son naciones más antiguas que las trece colonias originales. De ahí a la independencia hay un trecho, pero los republicanos de Texas ya hablan de convocar un
referéndum en 2023.
El dólar, la impresora y los relatos que se cuelan por las grietas
En esta conversación se cuelan capas que no resisten el menor contraste: que si una guerra civil serviría para reducir la población de
Estados Unidos a
100 millones de personas dentro de un supuesto plan de élites globalistas; que si los sistemas de voto electrónico; que si el apoyo exterior a unos u otros. Nada de eso viene acompañado de prueba alguna, y conviene decirlo con la misma claridad con la que se repite. Son marcos que circulan, no hechos verificados.
Lo que sí es un hecho es la reacción de fondo: la sospecha de que el sistema político no procesa el descontento, sino que lo administra. Y ahí el análisis económico no ayuda demasiado. Quien espera que la impresora deje de servir como detonante está haciendo una predicción, no una descripción.
Dónde se atasca el análisis
Queda la pregunta que nadie cierra: si esto se resuelve en las urnas o de otra manera. Hay quien sostiene que las próximas elecciones son el escenario y que el resto es postureo; enfrente, la lectura es que existen fuerzas armadas estatales fuera del control federal y que eso ya no se deshace. Las dos cosas pueden ser verdad a la vez y ninguna explica el conjunto. El análisis se atasca justo aquí: en el punto en que las instituciones siguen funcionando y, a la vez, cada actor acumula herramientas para el día en que dejen de hacerlo.