El impuesto al sol cae con solo mil autoconsumidores en España
El Consejo de Ministros aprobó en octubre de 2018 un real decreto-ley de medidas contra la pobreza energética que deroga el cargo que se imponía a los autoconsumidores por la
energía generada y consumida en la propia instalación. La cifra que descoloca no es la del impuesto, sino la del mercado: en España hay
1.196 megavatios de potencia registrada en autoconsumo y apenas algo más de un millar de autoconsumidores. En Alemania superan el millón. La ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, lo celebró como la salida del «gran absurdo del que se han mofado expertos internacionales».
El texto elimina además la obligación de inscribir en el registro administrativo de instalaciones de producción las que no superen los
100 kilovatios, simplifica trámites y reconoce el derecho al autoconsumo compartido y a autoconsumir sin peajes ni cargos. Con esos mimbres, la pregunta que sobrevuela cualquier análisis es si la medida basta para mover un mercado que llevaba años clavado.
Qué cambia exactamente con el fin del impuesto al sol
El decreto suprime el cargo que gravaba la energía generada y consumida en la propia instalación, simplifica los trámites burocráticos y técnicos y libera del registro administrativo a las instalaciones de menos de 100 kW. Reconoce el derecho al autoconsumo compartido entre varios consumidores, lo que permite aprovechar economías de escala, y el derecho a autoconsumir sin peajes ni cargos. El Ministerio sostuvo que el desarrollo del autoconsumo garantiza alternativas más baratas y respetuosas con el planeta, reduce las necesidades de la red, genera independencia energética y crea empleo.
El anterior Gobierno del PP había vetado en marzo una proposición de ley apoyada por todos los grupos del Congreso salvo PP y Foro Asturias, que defendía eliminar los cargos al autoconsumo. Alegó que la medida reduciría los ingresos presupuestarios en
162 millones de euros anuales vía impuestos e incrementaría el déficit de tarifa. Ese es el marco del que se sale.
El dato que desmonta el relato: mil autoconsumidores frente a un millón en Alemania
Dentro del autoconsumo con renovables, el biogás aporta
127 MW y la fotovoltaica apenas
28 MW. La comparación con Alemania —más de un millón de autoconsumidores— deja en evidencia el retraso. Hay quien sostiene que el impuesto al sol nunca existió para las instalaciones domésticas de menos de 10 kW y que el verdadero freno era otro: el caos administrativo de pedir un punto de enganche a la red, los trámites asociados y el contador adicional, que se llevaba los ahorros del primer par de años. Para potencias de menos de 5 kWp fotovoltaicas, el nuevo marco permite montar los paneles y conectarlos a la red interior con el boletín, sin la odisea anterior.
La discusión sobre el peaje de respaldo sigue viva. Una corriente defiende que el autoconsumidor descarga en el sistema sus costes de respaldo y renuncia a soportar los costes del sistema como los demás, un trasvase de costes que acaban pagando los consumidores que quedan. La réplica es que el autoconsumo es una forma de eficiencia, como cambiar los electrodomésticos por otros de bajo consumo, y que nadie obliga a los demás a consumir para sostener unos costes del sistema.
El argumento que nadie rebate: la factura la paga el consumidor
La letra pequeña importa. Hay quien recuerda que las compañías distribuidoras son dueñas de las redes y que el calvario burocrático para legalizar una instalación —contrato técnico de acceso, modificaciones costosas en la medida y enlace, doble contador— sigue intacto. Si eso no cambia, el autoconsumo seguirá penalizado igual que antes. Otros apuntan que cualquier tasa que se elimine por un lado reaparecerá por otro: el ayuntamiento de turno o la comunidad autónoma encontrarán su concepto, y la eléctrica subirá lo que pueda.
El escepticismo tiene base. El mismo Gobierno que deroga el impuesto al sol suspendió durante seis meses el impuesto del 7% a la generación eléctrica, un tributo que aunque se aplica a las eléctricas repercute en el recibo final. La pregunta que queda es cuánto de la bajada llega al bolsillo y cuánto se queda por el camino.
Autoconsumo compartido: la vía para pisos y comunidades
El reconocimiento del autoconsumo compartido es la pieza que puede mover el mercado en viviendas donde no hay tejado propio. Permite que uno o varios consumidores aprovechen economías de escala y que industrias rentabilicen subproductos que generan. Para el ciudadano de a pie, la duda es de libro: si está fuera de casa en las horas de mayor producción, ¿cómo amortiza la instalación? La respuesta pasa por la curva de precios horaria, que abarata el consumo en las horas centrales del día.
El cálculo completo, desglosado partida a partida, da diferencias que sorprenden según la comunidad y el tipo de contrato. La conclusión que se repite es que el mejor sistema eléctrico posible combina nuclear, eólica, fotovoltaica y embalsamiento de agua para almacenar energía cuando está barata y consumirla en los picos. Las centrales de ciclo combinado, necesarias cuando la fotovoltaica no estaba a los precios actuales, hoy encarecen la factura.
Con 1.196 MW registrados y un millar de autoconsumidores, la derogación del impuesto al sol deja el terreno despejado. Lo que no despeja es la pregunta de fondo: si el freno era el impuesto, los trámites o la propia economía doméstica, ¿por qué España sigue diez años por detrás de Europa con el sol que tiene?