Asco al semen: cuando la repulsión se vuelve identidad feminista
El asco al semen ya no es una preferencia privada: es un manifiesto. Las palabras de una activista contra el sexo con hombres han sacudido la conversación sobre expectativas, poder y lo que cada cual está dispuesto a aceptar en la cama.
Una repulsión con dos lecturas
Hay quien lo lee como un acto de liberación: la mujer que se declara asqueada por el fluido masculino rompe con el guion que la obligaba a complacer. El epíteto 'feminazi' busca ridiculizar esa ruptura, pero no la explica. Frente a esa lectura, una postura tradicional defiende que el pacto heterosexual funciona con roles asignados: él aporta la virilidad, ella la complacencia. La comparación con la menstruación aparece entonces como contraargumento; a ellos no se les pide tragar nada.
Tragar o escupir como marcador de poder
El dilema de “tragar o escupir” se ha convertido en la metáfora de una negociación de poder. Una corriente interpreta el gesto de aceptar fluidos como una muestra de sumisión; otra lo despide como mera cuestión higiénica, sin carga ideológica. Entre ambos polos, la discusión se atasca: no hay dato biológico que resuelva una pelea por el guion sexual.
La polémica no se cerrará con argumentos científicos porque no es científica. Es una disputa sobre quién define el deseo y quién calla para no parecer frígida. Si la tendencia continúa, los próximos choques girarán sobre el consentimiento y la maternidad; pero la experiencia dice que estas batallas nunca se ganan del todo.