Marguerite Stern denuncia una agresión en su gimnasio y pide ayuda
La ex activista de Femen Marguerite Stern, conocida por su campaña contra el islamismo y por haber sido denunciada por SOS Racisme por presuntas injurias públicas, ha publicado en redes sociales que un hombre la agredió físicamente en un gimnasio de la cadena Basic-Fit en Francia. Según su relato, el agresor le ordenó cederle la máquina mientras ella terminaba una serie; al responder que la acababa primero, el hombre la insultó y la pateó. Stern afirma que acudirá a la comisaría a denunciar los hechos y añade una frase que resume el estado de ánimo de buena parte del debate: «No aguanto más. Ser mujer en Francia es un infierno. Quiero irme».
El episodio ha reabierto la discusión sobre la coherencia entre el discurso público de la activista y las consecuencias de sus propias alianzas ideológicas. Stern saltó a la fama por sus acciones contra el velo islámico y por su defensa de un feminismo laico, una postura que le ha valido tanto apoyos en la derecha como denuncias judiciales desde la izquierda. La asociación SOS Racisme presentó una querella contra ella y contra el periodista Erik Tegnér por injurias públicas a raíz de una entrevista publicada en el medio Frontières en julio de 2023. El juicio estaba fijado para el 11 de diciembre en París, según recoge el material difundido.
¿Qué se sabe de la agresión denunciada por Marguerite Stern?
El relato de Stern, difundido a través de su cuenta de X, describe una discusión por el uso de una máquina de gimnasio que derivó en una agresión física. La activista sostiene que el hombre le propinó patadas y la insultó, y que el encargado del establecimiento no intervino. No ha trascendido el estado de la denuncia ni si la policía francesa ha abierto diligencias. Tampoco hay confirmación independiente de los hechos más allá de su testimonio.
En el terreno judicial, la activista tiene pendiente otra cita: el juicio por la querella de SOS Racisme, que la acusa de haber vertido declaraciones racistas en una entrevista. Su abogado, Louis Cailliez, ha anunciado que pedirá la absolución. La coincidencia temporal entre ambos asuntos ha alimentado todo tipo de lecturas, desde quienes ven una cortina de humo hasta quienes consideran que la denuncia es un acto de valentía.
El feminismo laico contra el islamismo: la trinchera de Stern
Stern se hizo conocida por liderar protestas contra el velo islámico y por denunciar lo que considera una connivencia entre cierta izquierda y el islamismo. Esa postura la ha situado en un lugar incómodo: admirada por sectores conservadores, denunciada por organizaciones antirracistas y criticada por parte del feminismo mainstream, que la acusa de dar munición a la extrema derecha.
El episodio del gimnasio ha sido interpretado por muchos como una confirmación de sus tesis. «Quería comunismo, pues toma comunismo», resume una de las corrientes que recorren la discusión. Otra, más matizada, sostiene que la agresión es un caso individual y que generalizar a partir de ella es precisamente lo que critica el pensamiento identitario. El problema, señalan, es que la propia Stern ha construido su carrera política sobre generalizaciones similares.
La paradoja del activista que denuncia aquello que ayudó a normalizar
Hay un argumento que recorre todo el debate: la idea de que la activista ha contribuido a crear el clima que ahora dice padecer. «Empoderadita que ha hecho todo lo posible por convertir su país en un infierno se queja ahora de que es un infierno y quiere irse a algún sitio similar a como era su país antes de que ella colaborase todo lo posible por convertirlo en un infierno», escribe un participante. La frase, más allá de su retórica, apunta a una contradicción real: la de quien reclama solidaridad de un sistema al que previamente ha despreciado.
Otros participantes señalan que la activista pide ayuda a los mismos «machirulos» que antes despreciaba, recordando su famosa consigna de que una mujer necesita un hombre tanto como un pez una bicicleta. La ironía no pasa desapercibida. También hay quien apunta a un patrón más amplio: el de los activistas que, tras décadas de demolición institucional, descubren que las instituciones que despreciaban eran las que les protegían.
El contexto francés: inmigración, seguridad y discurso público
Francia vive desde hace años un debate intenso sobre seguridad, inmigración y laicidad. La figura de Stern encaja en ese cruce: una activista laica que denuncia el islamismo pero que, al mismo tiempo, es percibida por la izquierda como parte del problema. Su caso ha sido utilizado por ambos bandos para reforzar sus posiciones.
En el material difundido se menciona que la activista ya tenía una causa pendiente por racismo, lo que algunos interpretan como un ajuste de cuentas y otros como una simple coincidencia judicial. La denuncia por la agresión en el gimnasio, si se confirma, añadiría una capa más a un relato que se mueve entre lo personal y lo político.
¿Qué pasará con la denuncia y con el juicio pendiente?
La activista ha anunciado su intención de acudir a la comisaría, pero no hay confirmación de que lo haya hecho ni de que la policía haya abierto una investigación. El juicio por la querella de SOS Racisme sigue fijado para el 11 de diciembre en París, según el material disponible. Su abogado pedirá la absolución.
Mientras tanto, el debate público sigue su curso. Unos ven en la agresión la prueba de que sus tesis eran correctas; otros, la confirmación de que el victimismo selectivo no exime de responsabilidad. La única certeza es que la activista ha pedido ayuda a un sistema que, según su propio discurso, la desprecia. Y que el karma, ese concepto que tanto gusta en ciertos foros, tiene un sentido del humor particular.
¿Hasta qué punto una activista puede reclamar la protección de un orden que ha contribuido a deslegitimar? La pregunta queda abierta.