El 9 de mayo que Europa ya no celebra igual
El 9 de mayo, Día de Europa, es también el Día de la Victoria sobre el nazismo. Y ahí empieza el lío. Mientras una parte del continente conmemora la paz y el proyecto común, Moscú exhibe músculo militar en la Plaza Roja y Kiev reivindica su propia lectura de la fecha. La coincidencia en el calendario convierte una jornada de memoria en un campo de batalla diplomático.
Zelenski decretó que el 8 de mayo sea el «Día de Europa» para Ucrania, según se recuerda en la discusión. El gesto busca desmarcarse de la órbita rusa y alinearse con Bruselas. Pero no todos compran el relato: hay quien sostiene que la fecha se elige para apuntarse como propio cualquier gesto que antes se asociaba a Moscú.
¿Por qué el 9 de mayo enfrenta a Rusia y Ucrania?
La respuesta corta: porque cada país cuenta la victoria a su manera. Rusia insiste en que combate al nazismo en Ucrania; Ucrania responde que los nazis están hoy más al este. La ironía es amarga y los mensajes lo reflejan sin filtro.
«Según Farlopenski está combatiendo al nazismo (Rusia) y según Putin está combatiendo al nazismo (Ucrania)», resume un participante. La frase condensa el absurdo de dos relatos incompatibles sobre la misma palabra.
Otro añade: «Ya ha ganado Ucrania?». La pregunta, medio en broma, señala la distancia entre la propaganda y el frente. En el fondo, nadie sabe qué significa ganar cuando el desfile se celebra mientras la guerra sigue.
El desfile de Moscú y la memoria selectiva
La Plaza Roja vuelve a ser escenario de tanques y misiles. Para algunos, es una demostración de orgullo; para otros, un ejercicio de nostalgia soviética. «No hay ciudad en el mundo que admire como admiro Moscú», escribe alguien, «parece arrancando de un cuento de hadas».
Frente a esa admiración, otra voz recuerda que
el alcohol en Rusia va a menos y que más de la mitad de la población votó en contra de la disolución de la URSS. El dato se usa como argumento: muchos rusos añoran la estabilidad perdida, no la democracia.
La discusión deriva hacia la calidad de vida. Unos defienden que la URSS garantizaba casa, trabajo y comida; otros replican que eso no es libertad. «Libertad es vivir dignamente, que no te quiten la casa, poder llegar a fin de mes», sostiene un mensaje. La respuesta no se hace esperar: «Vivir mejor es tener libertad, poder emprender tu negocio».
Aportaciones científicas y culturales: el pulso de los datos
El intercambio se vuelve enciclopédico. Un participante enumera inventos atribuidos a España:
la radio, el submarino, el traje espacial, el autogiro, el mando a distancia, la calculadora, el TALGO o el futbolín. La lista busca desmontar la superioridad tecnológica rusa.
Al otro lado, se recuerda que Rusia ha dado premios Nobel de Física, Química y Economía, mientras que España solo tiene Nobel de Literatura. «Comparar los premios Nobel españoles, que son todos de literatura, con los físicos, químicos y economistas rusos es de chiste», se lee.
El contrapunto llega con cifras:
España suma dos Nobel desde 1989; Rusia, seis desde 1990, con tres veces más población. Y se añade que tres de esos seis vivieron fuera de Rusia desde jóvenes. El dato no cierra el debate, pero lo enfría.
La guerra de Ucrania como telón de fondo
La conversación no puede evitar el conflicto. Se menciona que Rusia no ha tomado la capital en tres días, como se esperaba, y que Ucrania es un país «varias veces más pequeño y más pobre». La ironía sobre la victoria rusa es constante.
«De momento solo han cogido el 20 por ciento de los territorios rusos», escribe alguien, invirtiendo los términos. La broma revela la confusión de cifras y la dificultad de saber quién avanza.
Mientras, la OTAN y Europa aparecen como actores secundarios. «Se sobrelleva bien cuando en el culo de Ucrania te follas a EEUU, a la OTAN y a Europa», dice un mensaje. El lenguaje es soez, pero la idea subyace: la guerra se libra también en el terreno de la opinión.
El día de Europa que Rusia no celebra
El 9 de mayo es el Día de Europa, pero Rusia no lo celebra como tal. «Rusia no, es Asia», zanja un participante. La geografía se usa como arma arrojadiza: ¿es Rusia parte de Europa o un imperio aparte?
La pregunta flota en el aire. La historia compartida —Tolstói, Dostoievski— se invoca como prueba de pertenencia. «Europa no se entiende sin Tolstói y Dostoievski», afirma alguien. Otro responde que la historia de España «se mea en la rusa».
Al final, el intercambio se atasca en lo de siempre: quién ganó, quién miente y quién tiene derecho a celebrar. El 9 de mayo sigue siendo un día de victoria para unos y de memoria incómoda para otros. La fecha no une: separa.
La discusión no llega a consenso. Unos ven en Moscú un faro de resistencia; otros, un régimen que usa la historia como escudo. Lo único claro es que el Día de la Victoria ya no es lo que era. Y nadie sabe qué será.