Feijóo bajo sospecha: ¿cambio de siglas o simple continuidad?
La tesis recorre el debate y se resume en una fórmula que ya funciona como diagnóstico: el
PPSOE. La pregunta que recorre el hilo no es si el PSOE debe dejar el Gobierno, sino qué cambia de verdad si entra el PP. El reproche central a Alberto Núñez Feijóo no es ideológico, sino de carácter: se le describe como un gestor sin pulso, incapaz de romper con el rumbo actual y dispuesto a administrarlo con otra bandera.
El detonante del desencanto no es un dato macroeconómico, sino la suma de promesas y expedientes que se acumulan sin resolverse. Y en esa suma pesan tanto las palabras de Feijóo durante la pandemia como el silencio que, según este sector, mantiene sobre impuestos, gasto público e inmigración.
El expediente de las vacunas que no se olvida
El reproche con más recorrido tiene fecha de crisis sanitaria. Según un mensaje repetido en el hilo, al frente de la Xunta de Galicia Feijóo planteó multas de hasta
60.000 euros a quienes rechazaran vacunarse. Ese episodio se cita una y otra vez como prueba de un instinto poco amigo de la libertad individual. La memoria del confinamiento pesa en un bloque de votantes que no perdona las restricciones y que ahora ve en el PP una versión suavizada de lo mismo.
La acusación no se formula como una política pública más, sino como un rasgo de carácter. Quien quiso multar, sostiene esa lectura, difícilmente recortará el aparato del Estado cuando le toque gestionarlo.
Impuestos, gasto y la promesa incumplida de las licencias de vivienda
Aquí el consenso es amplio. La expectativa de una rebaja fiscal o de un recorte del gasto público se da por descartada antes de que el PP gobierne. Quien lo sostiene no habla de matices: habla de certeza. No habrá alivio para el contribuyente medio, ni ayudas, ni protección, repiten.
El caso que se pone como ejemplo es la vivienda, uno de los asuntos con más recorrido electoral. Hace cinco meses, según se recuerda, Feijóo prometió que las comunidades gobernadas por el PP tardarían como máximo
tres meses en agilizar las licencias de obra, y que después bastaría una declaración responsable para empezar a construir. El plazo venció. Según quienes siguen el asunto, todo sigue igual, y una declaración responsable sin licencia sigue siendo, en la práctica, un billete directo a la multa.
VOX, entre la palanca de cambio y la muleta del PP
El papel de la formación de Santiago Abascal concentra buena parte del desencanto. Se sostiene que sus votos han servido para apuntalar gobiernos autonómicos del PP a cambio de un puñado de gestos simbólicos, lejos de su bandera original. Recuerdan que su programa hablaba de suprimir el Estado autonómico y de recuperar Gibraltar y, en cambio, sostienen, ahora se le ve en otras trincheras.
La conclusión que extrae ese sector es que un eventual Gobierno de Feijóo, aun necesitando a VOX para investirse, aplicaría el mismo recetario que el PSOE. La sospecha no es de traición, sino de inercia:
gobernar es no moverse cuando el marco europeo aprieta.
¿Por qué se dice que la inmigración y la Agenda 2030 no cambiarán?
Porque, según este relato, forman parte del marco que ambas formaciones comparten y ninguna se atreve a tocar. Se argumenta que la política migratoria seguiría la misma línea, sin giros en regularización ni en control de fronteras. Es una previsión, no un hecho verificado: no ha habido Gobierno del PP que la ejecute.
La Agenda 2030 funciona como piedra angular de todo lo que, a juicio de este bloque, el PP no tocaría: transición energética, objetivos de sostenibilidad y las directrices que llegan de Bruselas. Un recordatorio zanja el debate para este bloque: la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pertenece a la misma familia política que Feijóo.
La salida que se propone: abstención y dejar que Sánchez se queme
Si nada cambia, la única estrategia que se plantea es esperar. Hay quien defiende dejar a Sánchez en la poltrona todo lo posible para que desgaste a su propio partido y abra hueco a una alternativa real. Otros apuestan por no votar: la abstención como forma de castigar a un PP que no ilusiona. La coincidencia, en cualquier caso, es que muy pocos ven en Feijóo la solución y bastantes lo describen como echar más gasolina al fuego.
El pronóstico más repetido es electoral: un cambio de Gobierno sin cambio de políticas. No es una predicción, es una apuesta sobre cómo se comporta el poder cuando el marco no se mueve. Y el pronóstico que deja frío a más de uno —que el relevo del electorado socialista llegue «por biología» en dos décadas, según un cálculo que circula en el hilo— convierte la paciencia en plan.