Si no trabajas, ¿por qué cobras? La nueva provocación de Feijóo
Feijóo ha encontrado un filón electoral en la baja laboral. El martes, ante el Círculo de Empresarios Vascos, el líder del PP resumió su tesis con una frase que ya da vueltas por redes: si un convenio pacta que quien no va a trabajar cobre igual que quien va, y si la Administración permite bajas sin justificación con el mismo sueldo, entonces el absentismo no se sostiene. El problema es que el relato se apoya en una caricatura del sistema real de bajas.
Lo que Feijóo no dijo: cuánto se cobra exactamente estando de baja
En la mayoría de los convenios del sector privado, un trabajador que cae de baja no cobra ni un euro durante los tres primeros días. Del día 4 al día 20, la prestación ronda el 60% de la base reguladora; a partir del día 21, el 75%. O sea: enfermar sale caro. La idea del “cobro íntegro sin trabajar” solo se acerca a la realidad del empleo público, donde los complementos salariales suelen completar el 100%, y a algunos convenios concretos.
Que nadie espere que la matización frene el mensaje. La comparación con el modelo chino —si no trabajas, no cobras— ha circulado como propuesta razonable entre quienes ven las bajas “estiradas casi a voluntad”, con ejemplos tan absurdos como meses de baja por una uña encarnada. Frente a eso, la respuesta más repetida es tan simple como incómoda: el trabajador que se deja los ligamentos en el tajo alimenta a sus descendientes con una prestación menguada. El embeleco existe, pero pagar justos por pecadores no arregla nada.
Absentismo y baja médica: la confusión que sostiene el discurso
El término absentismo incluye retrat, salidas anticipadas y ausencias sin justificar. La baja médica, en cambio, es una incapacidad temporal validada por un médico de la Seguridad Social o de la mutua. Mezclar ambos conceptos convierte un problema real de gestión laboral en un sainete sobre vagos. Los datos que circulan apuntan a que el sector público tiene picos de absentismo del 16% semanal frente al 11% del privado. Pero esa diferencia no se explica solo por caraduras: hay quien lleva meses de baja esperando una operación o una sesión de fisioterapia que la sanidad pública no le da. Los recortes en salud también tienen su factura en las estadísticas de absentismo.
La política del agravio: a quién beneficia el mensaje
Ni siquiera los críticos más duros de Feijóo niegan que las bajas se han duplicado en los últimos años, ni que en la Administración hay quien encadena bajas hasta la jubilación. El problema es el diagnóstico. Atribuir el crecimiento del gasto a la picaresca, y no a las condiciones laborales o a las listas de espera, convierte la necesidad de reforma en una excusa para el recorte. Por el camino, el líder del PP regala a la izquierda el papel de defensora de los derechos de los trabajadores y desactiva cualquier propuesta seria de control del abuso.
Hay quien añade una capa de ironía: no parece que el discurso del absentismo siente bien a un político con un historial de ausencias notable en el Congreso. Pero eso es ya otro capítulo.
¿Y si la provocación esconde una estrategia?
Algunas lecturas van más allá: Feijóo sabría que tocar las bajas moviliza a su electorado más crítico con el funcionariado, pero también garantiza que el PSOE agite el miedo al recorte de derechos. Es decir, un mensaje pensado para seguir en la oposición. Si el objetivo fuera gobernar, el camino lógico pasaría por diferenciar entre absentismo real y baja justificada, y atacar el abuso sin incivil al enfermo. Hasta ahora, el resultado electoral de la estrategia es incierto.
A la espera de que alguien en el PP aporte datos en vez de ocurrencias, la conclusión provisional es simple: en España, la baja laboral se ha convertido en un campo de batalla político. Y mientras unos y otros se lanzan acusaciones, el trabajador que se rompe sigue cobrando un 75% como mucho después del día 21. Si la intención era poner el foco en el gasto, lo ha conseguido. Si era resolver el problema, tocará seguir esperando.